Wednesday, September 23, 2015

El Universo Antrópico 

Nordstelo 




El Universo Antrópico 

Nordstelo 




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El Universo Antrópico 

Edición electrónica preliminar 

Coyoac√°n, 9 de junio de 2018 
© MMXVIII Miguel √Āngel Torres 
ISBN: PENDIENTE 

Portada basada en el trabajo de: 

lan Norman 

Contraportada basada en el trabajo de: 

Mitch Johanson 

Fuente "Open Sans": 

Steve Matteson 

Esta obra existe gracias al esfuerzo colectivo 
de incontables voluntarios comprometidos 
con el movimiento del software libre. 


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autor est√°n expresamente prohibidos. 

Los derechos aquí establecidos tienen vigencia 
hasta la publicación de la edición final. 



5 


Prólogo 

Vivir de manera efectiva significa poseer la información adecuada. 

-Norbert Wiener 


La Revolución Informática 

Mientras escribo este libro, una revolución está sucediendo a nuestro alrededor: 
la Revolución Informática. 

Desde la producción de bienes y servicios hasta el simple entretenimiento, los 
efectos de esta revolución ya pueden notarse a simple vista. Basta con decir que 
la computación ha pasado de estar restringida a un cerrado círculo de personas 
hace sólo unas décadas, a constituir la base de nuestra civilización . 1 Tal ha sido el 
ritmo de crecimiento de la inform√°tica en tiempos recientes, que en este justo 
instante billones de dispositivos electrónicos de todo tipo se encuentran 
procesando, transmitiendo y almacenando información que afecta directa o 
indirectamente a miles de millones de personas. Y estas cifras que no hacen sino 
crecer vertiginosamente cada día que pasa. 

Decimos que se trata de una revolución porque nos encontramos en un 
periodo de transición entre dos eras complemente distintas. Esto significa que 
estamos presenciando el nacimiento de una nueva era en la que se dar√°n los 
cambios más profundos que le han sucedido a la Humanidad desde sus orígenes. 
Nuestro inminente dominio de la información nos proporcionará una tecnología 
tan avanzada que ser√° indistinguible de la magia, de la misma manera que nuestras 
actuales bombas atómicas y los viajes espaciales les hubieran parecido magia a 
nuestros ancestros . 2 

Sin embargo, resulta curioso mencionar que, a pesar del impacto tan profundo 
que la Revoluci√≥n Inform√°tica est√° teniendo en nuestro mundo, a√ļn no nos 
hemos planteado seriamente una pregunta: ¿qu√© es la informaci√≥n? 

Para hallar la respuesta comenzaremos por reconocer que nuestra civilización 
es vieja y sus prejuicios, considerables. Por ejemplo, para muchos puede resultar 
obvio que gracias a los millones de personas que est√°n relacionadas directamente 

1 En muchos lugares del mundo los teléfonos celulares, que son esencialmente 
computadoras de bolsillo, ya superan numéricamente a las personas. 

2 Arthur C. Clarke - Peligros de la profecía: la falta de imaginación. 



6 Prólogo 

con la Informática (programadores, ingenieros en electrónica, maestros 
universitarios, investigadores, etc.) ya deberíamos saber qué es la información. 
Sin embargo, esto no es más que una ilusión: así como el hombre primitivo 
dominaba el fuego pero no lo comprendía, nosotros creemos entender la 
información simplemente porque la utilizamos todos los días. 

Por eso nos remontaremos hasta la antig√ľedad, al comienzo de la civilizaci√≥n, 
y retomaremos las ideas de algunos pensadores que vivieron en una época de 
mayor honestidad intelectual. Porque todo lo que se necesita para descubrir 
respuestas es un poco de honestidad con nosotros mismos y no hay mayor 
honestidad que aceptar una ignorancia digna, antes que una certidumbre 
pretenciosa . 3 Aunque a primera vista nos pueda parecer increíble, a veces la 
ignorancia puede ser una ventaja: dentro de ella no hay cabida para los prejuicios. 
Por eso con frecuencia s√≥lo los ni√Īos se atreven a decir que el emperador va 
desnudo. 4 

Sabemos ya que la información se encuentra en los libros y en las 
computadoras. Pero sólo porque la información se encuentra en todas partes. 
Hay información en el agua de los océanos, en el aire que respiramos y en la luz 
del Sol que nos ilumina. Nosotros mismos somos información. Para demostrarlo 
vamos a retomar en este libro una discusión muy antigua entre dos grandes 
maestros: Dem√≥crito y Epicuro (este √ļltimo, un personaje que mencionaremos 
con frecuencia a lo largo de este libro). Se trata de la discusión sobre los átomos o 
la esencia misma de la materia para demostrar que la información es una 
propiedad fundamental del Universo. 

Amor por el conocimiento 

Antes de entrar en materia, resulta indispensable esclarecer primero un gran 
misterio: la razón por la cual esta discusión tan importante sobre los átomos pasó 
m√°s de dos milenios sepultada en el olvido. Sobre este asunto no hace falta 
reivindicar a Demócrito, ya que sus ideas sobre la existencia de partículas 
indivisibles o fundamentales tienen actualmente una vigencia y difusión como 
nunca la tuvieron. A quien debemos reivindicar es a Epicuro, ya que planteó 
cuestionamientos que pocos han comprendido y mucho menos resuelto hasta 
ahora. Pero sobre todo, porque a diferencia de otros pensadores, Epicuro 
sostenía que es absurdo considerar al conocimiento como un fin en sí mismo. 
Seg√ļn sus ense√Īanzas, todo conocimiento debe tener un enfoque pr√°ctico: debe 

3 "Creo firmemente que es mejor no saber nada, que estar equivocado." -Josh Billings, en 
referencia a Sócrates. 

4 Hans Christian Andersen - El nuevo traje del emperador. 



Prólogo 7 

servir al ser humano y no al rev√©s. Pero, ¿cu√°l es el fin √ļltimo de todos los seres 
humanos? La felicidad. Aunque en lo superficial tal concepto tiene un significado 
distinto para cada persona, lo cierto es que en lo b√°sico todos somos iguales y 
nos enfrentamos, por tanto, a los mismos obst√°culos que nos impiden alcanzarla: 
la ignorancia, la enfermedad, la violencia, etc. Así es que, para superar estos 
obst√°culos de una manera realmente eficaz, debemos comenzar por 
comprenderlos a profundidad. 

√Čsta es la raz√≥n por la que este libro comienza reivindicando a la Filosof√≠a 
como la herramienta m√°s confiable que tenemos para refinar y acrecentar 
nuestro conocimiento, en un tiempo en el que es casi universalmente 
despreciada como algo in√ļtil. S√≥lo a trav√©s de ella es posible denunciar que en el 
mundo moderno nos hemos vuelto cada vez m√°s complacientes, lo que nos lleva 
a creer que el avance de la tecnología es un reflejo de la calidad de nuestras 
ideas. Sin embargo, la realidad es muy distinta: ninguna tecnología reemplazará 
jam√°s al razonamiento humano como el juez supremo de la realidad. En cualquier 
época nuestras respuestas estarán limitadas por nuestras circunstancias, y sólo a 
través de la Filosofía seremos capaces de comprender estas limitaciones. 

Es triste reconocer que hemos olvidado paulatinamente que la b√ļsqueda del 
conocimiento es una necesidad real en la vida cotidiana y no sólo una actividad 
acad√©mica, como se nos ense√Īa hoy en d√≠a. Esto se debe a que el conocimiento 
forma nuestras ideas y est√°, por tanto, detr√°s de todas y cada una de nuestras 
decisiones. Saber elegir correctamente entre nuestras opciones nos permite 
administrar correctamente nuestra vida, para así poder disfrutarla plenamente. 
Por ejemplo, para mantenernos sanos es necesario que elijamos adecuadamente 
nuestros alimentos y nuestro estilo de vida. Para sentirnos apreciados es 
necesario elegir adecuadamente a nuestros amigos y a nuestra pareja. Pero 
existe una raz√≥n a√ļn m√°s importante, ilustrada por la siguiente an√©cdota: 

En alguna ocasión vi un documental sobre los tsunamis, y una de las cosas que 
me llamaron la atención fue que el mar se retira un poco antes de su llegada. 
Unas semanas después fui a la playa y noté el mismo fenómeno: que el mar se 
retiraba. Así es que en lugar de acercarme al mar atraído por la curiosidad, 
como lo hacían muchos otros, recordé lo que había visto en el programa y corrí 
junto con mi familia hacia una loma cercana, sólo para ver como decenas de 
personas eran arrastradas por el agua... 

Lo anterior revela que el conocimiento es indispensable, antes que nada, para 
garantizar nuestra supervivencia; porque en los temas realmente importantes 
tomar la decisión correcta es crucial. Esto es algo que no debemos olvidar nunca, 



8 Prólogo 

particularmente si tomamos en cuenta que la ignorancia acerca de las leyes de la 
Naturaleza no impide que nos afecten. Por ejemplo, poco importaba que los seres 
humanos desconociéramos en el pasado la existencia de los microorganismos; de 
todas maneras éstos nos causaban toda clase de enfermedades o incluso la 
muerte. Por eso debemos reconocer plenamente que estamos muy lejos de 
saberlo todo acerca de nuestro mundo y que, por tanto, a√ļn desconocemos la 
mayoría de los peligros que nos acechan. 

Si algo podemos aprender del pasado es que, conforme nuestra capacidad 
para alterar a la Naturaleza se incrementa, también lo hace en la misma medida 
el riesgo que corremos de mal utilizarla. Dicha tendencia resulta muy relevante en 
la actualidad, ya que la tecnología de la información nos expondrá muy pronto a 
riesgos tan severos que las guerras nucleares a las que tanto tememos en la 
actualidad parecer√°n cosa de ni√Īos en comparaci√≥n. Por ejemplo, el uso 
generalizado de la nano-tecnología podría permitirnos eventualmente erigir 
ciudades enteras de la noche a la ma√Īana, pero al mismo tiempo podr√≠a desatar 
la peste gris, 5 dejando completamente estéril a nuestro planeta en un abrir y 
cerrar de ojos. As√≠ es que no debemos enga√Īarnos creyendo que todos los 
cambios que vendr√°n en esta nueva era ser√°n necesariamente positivos. El que 
sea así dependerá enteramente de las decisiones que tomemos desde ahora. 

Una sociedad nueva 

Hoy en día necesitamos más que nunca a la Filosofía, porque nos ayudará a 
superar la barrera imaginaria que ha separado históricamente a las ciencias 
naturales de las ciencias sociales. Vamos a demostrar, con ayuda de la Teoría de la 
Información, que la evolución de las sociedades humanas es simplemente una 
extensi√≥n natural del desarrollo inform√°tico del Universo. Refinaremos a√ļn m√°s 
el descubrimiento de que el nivel de desarrollo tecnológico es el punto central de 
esta evolución social, estableciendo para ello una escala clasificatoria para las 
sociedades, basándonos explícitamente en la tecnología de la información. 

Explicaremos que, como cualquier otra revolución anterior, la Revolución 
Informática traerá consigo la extinción de los modelos sociales que conocemos en 
la actualidad. La producción económica centralizada dejará de existir 
eventualmente y, junto con ella, el concepto contempor√°neo de trabajo. √Čsta es la 
verdadera razón detrás de las recesiones económicas recurrentes y de la 
agudización de problemas como el desempleo: la tecnología, componente 
esencial dentro de las actividades productivas, est√° reemplazando r√°pidamente a 
los seres humanos en la producción de bienes económicos. Simplemente hemos 

5 Una nube de nano-robots auto-replicantes que se adue√Īar√≠an del planeta. 



Prólogo 9 

llegado a un punto histórico en donde se vislumbra la culminación de esta 
tendencia: la posibilidad de delegar totalmente las actividades productivas a las 
m√°quinas autom√°ticas. 

Todos los cambios que se darán durante la transición representan un gran 
reto social: por ejemplo, a√ļn no hemos resuelto el problema de c√≥mo se ganar√°n 
la vida aquellos trabajadores que las industrias decidan despedir cuando ya no 
los necesiten. Es cierto que un dominio sobre la tecnología de la información nos 
proporcionar√° una capacidad productiva sin precedentes, y con ella tendremos 
una oportunidad √ļnica para crear una mejor sociedad. Pero, ¿tendremos acaso la 
sabiduría para emplear la tecnología de la información responsablemente? No 
hace falta hacer ninguna predicción sobre el futuro para darnos cuenta de que se 
trata de un tema en el que no hay garantías. Mientras que en la actualidad 
tenemos la capacidad para colocar satélites artificiales alrededor de la Tierra de 
manera rutinaria, al mismo tiempo millones de personas mueren de hambre. 
Mientras que producimos en serie chips para computadora tan complejos que 
contienen miles de millones de transistores, a√ļn hay millones de personas que 
sufren por enfermedades tratables, al no tener acceso a los servicios médicos y 
de sanidad más básicos. En resumen, toda nuestra sofisticación tecnológica no 
nos ha servido para erradicar los verdaderos flagelos que azotan a la Humanidad. 
Y si el conocimiento no nos sirve para hacernos a todos m√°s felices, ¿entonces 
para qué lo queremos? 

Quiz√° es necesario reconocer que a√ļn no entendemos plenamente que se 
requiere mucho más que sólo vivir juntos para formar una sociedad. Las 
sociedades son grupos de individuos que, adem√°s de vivir juntos, comparten una 
identidad y objetivos comunes. Por ello vamos a abordar a profundidad un 
problema poco estudiado hasta ahora: el papel que juega la individualidad 
humana dentro de la convivencia social. 

Una individualidad excesiva como la que se promueve en muchas sociedades 
contemporáneas sólo puede tener un resultado natural: el colapso de la 
civilización. Esto se debe a que la estabilidad de las relaciones sociales actuales 
depende de un factor que est√° a punto de extinguirse: la mutua necesidad. Tras 
desaparecer el concepto del empleo , 6 nos enfrentaremos nuevamente a 
problemas que desde hace mucho consider√°bamos resueltos. Por ejemplo, 
cuando a través de la auto-suficiencia los ciudadanos del mundo ya no tengan 
que trabajar para ganarse el sustento, tampoco habrá policías ni jueces 


6 El ingreso económico es indispensable para satisfacer las necesidades básicas de la 
vida moderna. Proviene por lo general de un empleo y su correspondiente salario. 



10 Prólogo 

asalariados. ¿Qui√©n vigilar√° entonces nuestras calles y mediar√° en los conflictos? 
Cuando ya no haya bomberos y rescatlstas asalariados, ¿qui√©n nos auxiliar√° 
durante los desastres? Por otro lado, la Historia nos ense√Īa que dentro de un 
enfoque social excesivamente colectivista la creatividad y autodeterminación de 
los individuos son reducidas a nada, bajo el pretexto del inter√©s com√ļn. Y es 
precisamente aquí donde nuestro conocimiento acerca de la información jugará 
un papel crucial en nuestro futuro: nos ayudar√° a encontrar un balance entre 
estos dos extremos perniciosos (la anarquía y el colectivismo autoritario). 

Congruentes con el principio de la utilidad del conocimiento de Epicuro, 
utilizaremos nuestro enfoque inform√°tico del desarrollo social para formular una 
propuesta de reforma socio-política capaz de reemplazar los modelos sociales 
decadentes por otros nuevos y mejores, m√°s adecuados a los problemas de 
nuestra época y las venideras. El objetivo es claro y simple: reconocer plenamente 
a todos los miembros de la Humanidad para garantizarles un mínimo de 
dignidad. A fin de cuentas, todos somos seres humanos y dignificar la vida 
humana nos dignifica a todos y cada uno de nosotros. 

Comenzaremos por reconocer plenamente los errores del pasado. Evitaremos 
ofrecer una panacea o tratar de crear una utopía. Por ello se trata de un proyecto 
sobrio y modesto que se encuentra firmemente anclado a la realidad. Rechaza 
totalmente la idea de que el conflicto es la solución a los problemas sociales y, en 
particular, la idea de que el orden social puede establecerse por decreto. Por lo 
mismo, no es suficiente apelar a las buenas intenciones de la población; más que 
nada necesitamos administrar sabiamente los cambios tecnológicos que ya están 
sucediendo a nuestro alrededor. En particular, utilizaremos el conocimiento sobre 
la información para reformar y consolidar plenamente la incipiente infósfera 7 que 
ya existe a nuestro alrededor (el Internet) y desarrollar nuevos sistemas que 
ser√°n la columna vertebral de este nuevo orden social. 

Si abordamos en este libro temas tan poco usuales como la cosmogonía (el 
estudio del Universo) es porque la Historia refleja una constante ampliación de 
nuestra percepción: con cada paso que damos, nuestro mundo se hace más y 
más grande. Fue así como saltamos desde el ámbito de la familia para formar la 
horda, la tribu, la etnia, la naci√≥n, etc. En √ļltima instancia, avanzamos para 
convertirnos en una civilización cósmica, por lo que es importante que todos y 
cada uno de nosotros entendamos cu√°l es nuestro lugar dentro del Universo y lo 
que hay all√° fuera. Porque lo cierto es que no somos habitantes de una localidad, 
un país o incluso un planeta: el Universo entero es nuestro hogar. En esta nueva 


7 Luciano Floridi - La cuarta revolución. 



Prólogo 11 

escala, conceptos contempor√°neos como la nacionalidad simplemente ya no 
serán suficientes. Todos somos miembros de una especie, quizá sólo una más 
entre muchas que habitan este Universo y esto significa que nuestra identidad 
com√ļn en esta nueva escala no puede ser otra que la de ser seres humanos. 

Verdades: ni absolutas, ni eternas 

Dada la importancia del tema de la información, debemos hacer una advertencia 
muy clara: peri√≥dicamente alg√ļn grupo social (los socr√°ticos, los cristianos, los 
comunistas, etc.) ha pretendido apropiarse de alg√ļn hallazgo importante y 
presentarlo como una supuesta verdad absoluta y eterna para justificar con ello la 
imposición de sus agendas y su permanencia en el poder. Sin embargo, a pesar 
de las pretensiones de estos grupos, el pasado nos ense√Īa claramente que todas 
las ideas tienen caducidad. Es decir, lo √ļnico que hay detr√°s de cualquier idea es 
que la gente cree en ella o deja de hacerlo. Esto se traduce en que suele bastar 
con dejar pasar el tiempo para que el absurdo se revele por sí mismo. Por 
ejemplo, ¿puede acaso alguien sensato creer hoy en d√≠a que la esclavitud es 
natural? ¿Que sentimos con el coraz√≥n y no con el cerebro? ¿Que el Sol gira en 
torno a la Tierra? Habiendo sido testigos del colapso de ideas que les parecieron 
tan s√≥lidas a nuestros antepasados, ¿qu√© nos hace creer que las nuestras tienen 
alg√ļn m√©rito especial? Nada mejor para ilustrarlo que la f√°bula del zorro del 
desierto: 

Había una vez un zorro del desierto que llegó a una ciudad habitada por perros 
y gatos. Tan pronto como llegó se dio cuenta de que sus habitantes solían 
enfrascarse en acaloradas discusiones. "¡Dios tiene cara de gato!", dec√≠an los 
gatos. “¡No!, ¡Dios tiene cara de perro!", dec√≠an los perros. Y as√≠ se manten√≠an, 
sin llegar a ninguna conclusión. Cuando por fin llegó el momento de marcharse, 
el zorro tomó sus cosas y se dirigió a las puertas de la ciudad y, mientras las 
cruzaba, se burlaba en silencio de sus habitantes: “Qu√© tontos son los perros y 
los gatos. ¡Si supieran que Dios tiene cara de zorro!". 

Aunque sea doloroso admitirlo, es bastante probable que en el futuro nuestras 
ideas contemporáneas serán vistas con el mismo desdén con el que nosotros 
vemos las del pasado. Por ello, si queremos evitar caer de nueva cuenta en el 
absurdo, siempre debemos mantener presente que todo conocimiento emana de 
nosotros mismos y, por tanto, lleva la marca indeleble de nuestra imperfección 
humana. En consecuencia, la b√ļsqueda de respuestas en el exterior nunca estar√° 
completa sin una b√ļsqueda paralela en nuestro interior, para as√≠ reconocer las 
deficiencias inherentes a nuestra condición humana y los efectos que causan en 
nuestra percepción. 



12 Prólogo 

Por ejemplo, como seres enfocados hada el aprendizaje, somos muy 
sugestionables, especialmente en las primeras etapas de la vida, ya que nuestra 
principal fuente de conocimiento son los dem√°s seres humanos. Es un hecho 
conocido y ampliamente estudiado que a lo largo de la Historia numerosos 
grupos han explotado esta falta de resistencia innata para implantar sus valores 
en la población, especialmente los de la Religión. Pero no solemos pensar que a 
través de disciplinas aparentemente neutrales como la ciencia contemporánea, 
que es un producto humano como cualquier otro, también se explota esta 
sumisi√≥n innata ante la autoridad. Por eso debemos preguntarnos: ¿En verdad es 
tan sólido el conocimiento científico contemporáneo? Para averiguarlo, 
formularemos tres simples preguntas: ¿es verdad que los objetos caen a la misma 
velocidad con independencia de la masa, como afirma Galileo? ¿Que mantienen 
su velocidad constante en el vac√≠o, como dice Newton? ¿Que ganan masa 
conforme se aceleran, como asegura Einstein? O ser√° simplemente que ante el 
prestigio de semejantes nombres no nos atrevernos a dudar. Quizá hemos caído 
de nueva cuenta en la ilusión más generalizada y persistente de todas: la ilusión 
de la certidumbre. 

Para disipar estas incógnitas necesitamos emplear apropiadamente el sentido 
más poderoso del que disponemos: el ojo de la mente (nuestra imaginación). 
Cualquiera de nosotros puede hacerlo porque, lejos de ser un privilegio exclusivo 
de algunos, la imaginaci√≥n es com√ļn a todos los seres humanos. La utiliza la 
madre cuando visualiza a sus hijos mientras los oye jugar en el patio sin verlos 
físicamente. También el carpintero que visualiza un futuro mueble donde, en ese 
justo instante, sólo hay madera virgen, pegamento y clavos. Por tanto, no hay 
ninguna razón para que lo que se expone en este libro, aun si se encuentra un 
poco lejano de nuestra cotidianidad, no pueda ser comprendido por cualquiera. 

Para concluir, sería conveniente mencionar que descubrir la información es 
simplemente aprender el lenguaje con el que se escribe el Universo. Sin embargo, 
a√ļn no sabemos con certeza qu√© se ha escrito o se escribir√° en √©l. Aun as√≠, 
podemos comenzar nuestra b√ļsqueda honrando una tradici√≥n ancestral: poner 
un nombre a nuestro hogar (nuestro planeta se llama Tierra; nuestro sistema 
planetario, Sistema Solar y nuestra galaxia, Vía Láctea). Así es que propongo un 
nombre propio para el Cosmos: el Universo Antrópico. Porque, como se expondrá 
más adelante, los seres humanos sí vivimos, después de todo, en el centro del 
Universo. 



13 


Tres preguntas 


¿De d√≥nde venimos? ¿Qui√©nes somos? ¿A d√≥nde vamos? Estas son preguntas que 
el pintor francés Gauguin aprendió durante su juventud mientras era discípulo 
del Obispo de Orleans Félix-Antoine-Philibert Dupanloup, y que lo marcaron 
profundamente para el resto de su vida. De hecho, intituló de esta forma la que, 
seg√ļn sus propias palabras, fue la m√°s importante de sus obras; algo bastante 
admirable si consideramos que Gauguin se convirtió eventualmente en un 
acérrimo anticlerical. Quizá lo hizo en reconocimiento de que la sabiduría no es 
propiedad exclusiva de ninguna ideología en particular, pues todas ellas 
distorsionan la realidad. En cualquier caso, demuestra su aprecio por la 
profundidad tan inusual de la educaci√≥n que recibi√≥. Y es que existe algo a√ļn 
peor que la ignorancia: enga√Īarnos creyendo que sabemos. Por eso la verdadera 
sabiduría no se construye con respuestas, sino con preguntas. 



14 


¿De d√≥nde venimos? 
¿Qui√©nes somos? 



15 


Introducción 

No puedo ense√Īar nada a nadie. 
Sólo puedo hacerles pensar. 

-Sócrates 


En b√ļsqueda del conocimiento 

Si hay una caracter√≠stica com√ļn a todos los pueblos del mundo √©sta es, sin duda 
alguna, la b√ļsqueda del conocimiento. Lo hacemos simplemente porque, en un 
mundo complejo como en el que vivimos, constituye la clave para la 
supervivencia. Quiz√° han cambiado muchas cosas a lo largo de la Historia, pero 
tanto en el mundo moderno como en el pasado, siempre necesitaremos saber al 
menos a dónde debemos dirigirnos y qué debemos hacer para obtener los 
recursos de nuestro entorno que nos sustentan (como el agua y los alimentos). Y 
si continuamos nuestra carrera hacia al espacio, alg√ļn d√≠a descubriremos que 
incluso el oxígeno que respiramos dependerá de él. 

Si el conocimiento sustenta a la vida, entonces la ignorancia representa la 
muerte. Por eso la adquisición de conocimiento es la motivación fundamental, no 
solamente del ser humano, sino de todas las criaturas vivas que existen. En los 
organismos m√°s simples la experiencia de vida se almacena en los genes. Un 
poco más arriba en la escala evolutiva el conocimiento genético se flexibiliza 
mediante comportamientos reflejos que le permiten cierta adaptabilidad. Y los 
seres m√°s sofisticados poseen una inteligencia basada en la memoria. 

Sin embargo, no hay ninguna evidencia de que alguno de los organismos que 
habitaron nuestro mundo haya formulado jam√°s alguna pregunta antes de que 
apareciera el ser humano. Esto significa que somos √ļnicos entre los organismos 
por poseer una forma de conocimiento muy especial entre todas las que existen: 
podemos estar conscientes de que hay cosas que desconocemos. 

Así pues, la capacidad para formular preguntas es la característica que marcó 
el surgimiento del ser humano, tal como lo entendemos hoy en d√≠a . 8 ¿Y c√≥mo 
llamamos al proceso de acrecentar nuestro conocimiento indagando sobre lo 
desconocido? Le llamamos Filosofía. Eso nos hace a todos y cada uno de 
nosotros filósofos natos, incluso si no estamos conscientes de ello. Es una 


8 El nombre correcto para nuestra especie es Homo qucerens ("hombre que cuestiona"). 



16 Introducción 

caracter√≠stica muy notoria en los ni√Īos que exploran con curiosidad el mundo en 
el que viven. Y una que todos retenemos en mayor o menor grado hasta el final 
de nuestra vida. 

Considerando que la Filosof√≠a es fundamental para el ser humano, ¿por qu√© no 
la cultivamos con particular entusiasmo hoy en día? Quizá esto se debe a la 
obsesión de la educación moderna por transferir la mayor cantidad posible de 
conocimiento a las mentes de las nuevas generaciones. Cierto es que hemos 
invertido mucho tiempo y esfuerzo para compilar nuestro conocimiento actual, y 
que todo aquello que ayude a preservarlo es bienvenido; también es cierto que la 
duración de nuestra vida individual es limitada, por lo que resulta impráctlco 
detenerse para describir todos sus detalles. El problema radica en que la 
disponibilidad inmediata de tal cantidad de ideas prefabricadas con frecuencia 
implica entrar en contacto con las respuestas mucho antes de que conozcamos 
las preguntas que las motivan. No debemos olvidar que, sin importar cu√°nto 
sepamos como sociedad, todos vinimos al mundo "en blanco", simplemente 
porque nuestra experiencia individual es √ļnica e irrepetible. Esto se traduce en 
que ninguna de estas respuestas adquiere sentido pleno para nosotros sin el 
contexto apropiado . 9 Por eso es tan importante adquirir experiencia indagando 
por nosotros mismos, formulando nuestras propias preguntas y respuestas. 
Solamente así podremos apreciar realmente la importancia del conocimiento que 
se nos ofrece. 

¿Qu√© es exactamente la Filosof√≠a? 

La falta de interés en el mundo moderno por la Filosofía se debe principalmente a 
la noci√≥n generalizada de que es una actividad in√ļtil. ¿Podr√≠amos pensar de otra 
manera? No parece quedar pr√°cticamente nadie que tenga una idea clara sobre 
lo que es, cuál es su utilidad y cómo se aplica apropiadamente. Incluso quienes 
creen tener entrenamiento filosófico suelen estar adoctrinados bajo un concepto 
equivocado. Y ante un desconocimiento tan generalizado sobre la Filosofía, no es 
sorprendente que su imagen p√ļblica haya degenerado paulatinamente hasta 
convertirse en una caricaturara. 

Afortunadamente la Filosofía no tiene nada de complicado o misterioso; es 
simplemente el proceso que nos lleva a re-evaluar nuestro conocimiento 
existente. Es lo que nos impulsa a encontrar maneras de ponerlo a prueba y 
verificar si lo que sabemos actualmente es confiable o suficiente. En pocas 
palabras, es lo que nos motiva a formular nuevas preguntas y a buscar respuestas 

9 Educar apropiadamente es como tratar un caso de amnesia. Consiste en ayudar a 
entender como propio un pasado del que no se tiene memoria. 



Introducción 


17 


para ellas. Sin embargo, aunque la Filosofía no es complicada en sí misma, con 
mucha frecuencia subestimamos los problemas relacionados con su ense√Īanza. 
Sin embargo, se trata de un tema tan extenso que sería imposible tratarlo aquí en 
su totalidad y por ello nos concentraremos en una crítica bastante simple: la 
ense√Īanza moderna de la Filosof√≠a no se centra en lo que es y para qu√© sirve; se 
contenta √ļnicamente con presentarnos una rese√Īa sobre c√≥mo han evolucionado 
las opiniones de los distintos personajes que se ocuparon de ella. Para 
demostrarlo basta con echar un vistazo r√°pido a la forma en la que suele estar 
estructurada: platoniana, kantiana, nietzscheana, kuhniana, etc. ¿Acaso dentro de 
la Ciencia hablamos de física voltiana, bernuliana, faradayana, einsteniana, etc.? 
Todas estas categorías son de interés puramente académico y son, por tanto, 
irrelevantes para las personas ordinarias. Así pues, al clasificarse por autores, 
fechas y lugares, la Filosofía contemporánea no ha dado todavía el mismo salto 
que la Ciencia para abordar los problemas de la forma m√°s racional: 
clasific√°ndolos por temas. 

Si la Filosof√≠a parece tan in√ļtil hoy en d√≠a, es simplemente porque no se enfoca 
en los asuntos que de verdad le importan a la sociedad, como la política, el medio 
ambiente, la criminalidad, el desempleo, la salud, etc . í0 Pero sobre todo, el 
desconocimiento generalizado acerca de la Filosofía se debe a que nunca ha sido 
definida con precisión. Y para ello deberíamos esclarecer primero la relación que 
la Filosofía tiene con disciplinas como la Ciencia; sobre todo porque en el mundo 
moderno se les confunde con frecuencia. 

Para explicar claramente en qué se distingue la Filosofía de la Ciencia, quizá 
resulte √ļtil hacer una analog√≠a con la diferencia que existe entre dos disciplinas 
similares: el Derecho y la Historia. Aunque el Derecho y la Historia se asemejan 
entre sí porque comparten el objetivo de establecer con precisión los hechos, 
difieren diametralmente en sus métodos. A diferencia de la Historia, el Derecho 
trata temas Intrascendentes. Dicho en otras palabras, el objeto de estudio del 
Derecho tiene una vigencia limitada porque es de interés solamente para los 
involucrados. Basta con mencionar que a nadie le interesaría un litigio por la 
propiedad de una casa que ya no existe, especialmente si quienes la disputaban 
han desaparecido también. Por eso es que el Derecho enmarca su concepto de 
verdad en lo que se conoce como certidumbre jurídica: considera que una 
resolución imperfecta pero expedita es preferible a mantener a todos los 
involucrados en la indefinición, a la espera de una certidumbre absoluta que 
quiz√° nunca llegue. Es por ello que el Derecho restringe la b√ļsqueda de la verdad 


10 "La mayor parte de los filósofos actuales se ocupa de menudencias." -Mario Bunge. 



18 Introducción 

por medio de plazos y del concepto de cosa juzgada (el principio de que una vez 
decidido algo sobre un tema, éste no se puede volver a juzgar). 

En contraste, la Historia recopila información de todas las fuentes disponibles 
y se encuentra siempre abierta ante la posibilidad de que aparezca nueva 
información que rectifique lo que sabemos acerca del pasado (lo que conocemos 
como revisionismo histórico). Esto se debe a que su objeto de estudio tiene 
vigencia permanente, por ser de interés general. O dicho en otras palabras, la 
Historia se ocupa de los temas trascendentes. ¿Y cu√°les son estos? Los que afectan 
el √°mbito social, como las guerras o los sucesos naturales importantes; pero 
sobre todo a la cultura, como la evolución de nuestro lenguaje, los sistemas que 
utilizamos para cuantificar el mundo, las tradiciones y el conocimiento en general. 
Por eso los agentes que alteran de manera profunda y permanente a la sociedad 
y su cultura son relevantes desde el punto de vista histórico, como por ejemplo, 
los científicos, políticos, militares, artistas, etc. 

Si hablamos de Derecho e Historia es para destacar que la extensión de sus 
respectivos conceptos de verdad difiere ligeramente. Es decir, una verdad jurídica 
podría o no ser válida dentro del contexto histórico, pero una verdad histórica 
siempre sería, al mismo tiempo, válida dentro del contexto jurídico. Esta falta de 
simetría revela que el Derecho es, en relación con la Historia, una disciplina 
auxiliar que no busca encontrar verdades absolutas sino verdades provisionales. 
Debemos aclarar que evitaremos deliberadamente utilizar aquí el término 
práctico debido a la alteración paulatina que ha sufrido su significado: el 
entendimiento moderno del antónimo de práctico (impráctico) se asume con 
frecuencia como in√ļtil o inservible. Por eso vamos a definir al Derecho, no como 
una disciplina pr√°ctica, sino como una disciplina intensiva. Las disciplinas 
intensivas son aquellas que, por lo general, se concentran en un tema en 
particular; pero sobre todo, se caracterizan por analizarlo empleando una 
metodología específica. Por otro lado, la Historia es una disciplina extensiva, 
que tiene por objetivo obtener conocimientos certeros, sin importar cu√°nto 
tiempo se requiera, la fuente de la que provengan o el método que se emplee 
para obtenerlos. De acuerdo con esta asimetr√≠a, son posibles m√ļltiples disciplinas 
intensivas, pero no m√ļltiples disciplinas extensivas, ya que estas √ļltimas se 
traslaparían entre sí. Esto significa que solamente existe una disciplina 
extensiva, y ésa es precisamente la Filosofía. 

Para explicar m√°s claramente la diferencia entre las disciplinas intensivas y la 
Filosofía debemos mencionar que el aspecto central de cualquier disciplina radica 
en el concepto d e formalidad. En general, todas las disciplinas intensivas no son 



Introducción 


19 


más que filtros específicos para las ideas. La Lógica, por ejemplo, se cerciora de 
que se cumpla con el criterio de la coherencia. La Empírica hace lo propio, 
cerciorándose de que aquello que se afirma pueda confirmarse a través de la 
experiencia directa o sensorial. Esto confiere a las disciplinas intensivas una cierta 
confiabilidad respecto a las ideas simples, pues cuanto mejor se encuentra 
estructurada una idea, mayores son sus posibilidades de ser cierta. Por eso 
todas las disciplinas intensivas tienen una caracter√≠stica en com√ļn: considerar 
todo aquello que cumple con su criterio específico como una verdad defacto. 

Sin embargo, al concentrarse en un aspecto crítico en particular, ninguna de 
las disciplinas intensivas es capaz de decidir por sí misma si lo que se estudia es 
verdad m√°s all√° de sus propios criterios. Por ejemplo, cuando observamos un 
actor que llora amargamente en una película, se requiere de algo más que la 
evidencia empírica para darse cuenta de que no sufre realmente; más bien lo 
finge para nosotros, mientras representa un papel dentro de una historia. Por 
eso, cuando una disciplina intensiva es correctamente empleada, ense√Īa 
√ļnicamente el proceso de la duda razonada . 11 

Así pues, aunque podemos subdividir a la Filosofía por temas (uno de los 
cuales es el transcurso del tiempo o la Historia), la propiedad b√°sica que la 
distingue de cualquier otra disciplina es siempre la misma: carece de una 
metodología propia (específica) de análisis. Aunque esto pueda parecer 
paradójico, es justamente la razón por la que posee el máximo grado de 
confiabilidad entre todas las disciplinas que existen: debemos recordar que la 
falta de formalidad con la que una idea es presentada no altera en lo absoluto su 
veracidad. Contrario al resto de las disciplinas intensivas, las cuales subordinan su 
entendimiento de la realidad a un criterio crítico específico, la Filosofía no tiene 
prejuicio alguno acerca de la forma misma del conocimiento. Por ejemplo, a 
diferencia de la Ciencia, no insiste en que el conocimiento empírico-experimental 
es intrínsecamente confiable (lo cual abordaremos a detalle más adelante). En vez 
de eso, mantiene una postura totalmente abierta: reconoce que una verdad 
puede provenir de cualquier lugar y surgir en cualquier forma y momento. √Čsta es 
la razón por la que resulta imposible elaborar una metodología filosófica 
específica: la Filosofía es una disciplina que, por definición, lo abarca todo y que 
por tanto no se puede reducir a nada en particular (es intrínsecamente amorfa). 
En otras palabras, no es posible ense√Īar un m√©todo filos√≥fico a nadie, porque no 
hay nada que ense√Īar. El empleo de la Filosof√≠a es una habilidad que se adquiere 
a trav√©s de la experiencia, como el gusto por la m√ļsica o por la comida. Y 


11 La Ciencia no es otra cosa que la disciplina del escepticismo empírico-experimental. 



20 Introducción 

especialmente cuando convivimos con aquellos que ya tienen experiencia al 
respecto y la comparten con nosotros. 

Sin embargo, no debemos cometer el error de asumir que la Filosofía es una 
disciplina arbitraria. Por ejemplo, quienes creen que ciertas ramas como la 
Est√©tica y la √Čtica se sustentan √ļnicamente en opiniones subjetivas est√°n 
equivocados, ya que no tiene ning√ļn sentido tratar de averiguar si una conclusi√≥n 
estrictamente subjetiva es correcta o no. Para evaluar correctamente una 
afirmación, es necesario encontrar elementos externos que permitan corroborar 
o desmentir lo que se dice . 12 Esta tradición de verificar objetivamente las 
conclusiones es un elemento central de la Filosofía, sólo que no se limita a un 
criterio crítico específico como en el caso del resto de las disciplinas intensivas. 
Requiere m√°s bien de una habilidad muy especial: la consiliencia, que no es otra 
cosa que la superaci√≥n (o armonizaci√≥n) simult√°nea del mayor n√ļmero posible de 
las distintas fuentes de información, especialmente de los criterios críticos de las 
disciplinas intensivas. Para alcanzar una verdad de tipo filosófico es necesario 
superar de manera ideal toda crítica conocida y agotar todas nuestras fuentes de 
conocimiento, llegando al punto m√°s cercano de la verdad de lo que jam√°s vamos 
a estar. Es aquí en donde el significado literal de la palabra Filosofía ("amor por el 
conocimiento") revela su utilidad pr√°ctica: cuanto m√°s amplio sea el acervo de 
conocimiento, tanto m√°s f√°cil resultar√° notar sus conexiones. √Čsta es la verdadera 
razón por la que el conocimiento moderno se considera mucho más confiable 
que el de épocas pasadas: porque ha complementado exitosamente el criterio 
l√≥gico que ya exist√≠a en la antig√ľedad (y que no exist√≠a antes) con el criterio 
empírico-experimental re-descubierto en la modernidad. En la actualidad 
llamamos erróneamente Ciencia a esta fusión, ya que siempre ha sido y seguirá 
siendo Filosofía. 

De hecho, es precisamente el enfoque holístico lo que le confiere a la Filosofía 
una característica muy especial entre todas las disciplinas: legitimidad suficiente 
para ejercer juicios de valor (apreciaciones subjetivas). Sin embargo, no debemos 
ser demasiado entusiastas, porque las verdades filosóficas no son absolutamente 
confiables, sólo son razonablemente confiables. Primero, porque sólo son 
confiables dentro de las limitaciones del conocimiento existente y, como ya lo 

12 Un ejemplo de pseudo-estética es la manera en la que el artista snob defiende su 
trabajo: trata de blindarse a sí mismo de la crítica argumentando falazmente que sólo 
√©l posee la sensibilidad art√≠stica adecuada para juzgarlo. La realidad es que ning√ļn 
juicio puede ser considerado v√°lido cuando se omite toda referencia a par√°metros 
externos que permitan evaluarlo. 



Introducción 


21 


demostraremos m√°s adelante, todas las disciplinas intensivas tienen sus 
limitaciones. M√°s importante a√ļn es el hecho de que la Filosof√≠a no puede 
juzgarse a s√≠ misma, ya que es en √ļltima instancia un producto humano y, por 
tanto, terminaremos siendo siempre nosotros mismos, basados simplemente en 
la fe, los que al final decidiremos si las verdades filosóficas efectivamente 
cumplen o no con la consiliencia. 

El √ļnico consejo √ļtil que podemos aportar es el siguiente: debemos 
mantenernos escépticos hacia cualquier metodología de análisis que se presente 
como infalible. En especial hacia la promesa de una verdad absoluta y eterna. 
Porque si algo nos ense√Īa la Historia es que la total certidumbre no existe ni 
podr√° existir jam√°s, porque no es m√°s que un ideal. Y como todos los ideales, 
sólo marca nuestro camino a seguir, pero no representa un lugar al que podamos 
llegar. 

El miedo a la incertidumbre 

Es comprensible que, al no disponer de los medios adecuados para explicar lo 
que sucede a nuestro alrededor, los seres humanos hayamos cometido muchos 
errores al tratar de explicarlos a lo largo de la Historia. Sin embargo, no queda del 
todo claro por qué nos hemos visto con frecuencia tentados a apresurarnos a dar 
explicaciones a las cosas. 

Comencemos por resaltar que existe un aspecto inherentemente 
insatisfactorio con respecto a la ignorancia: nos obliga a vivir al día. A menos de 
que entendamos plenamente lo que sucede a nuestro alrededor, quiz√° podremos 
resolver los problemas de hoy, pero no necesariamente los de ma√Īana. Por eso 
no nos suele bastar con saber el cómo de las cosas, también debemos saber el 
por qué. Saber la razón detrás de estos eventos nos permite anticiparnos a ellos y 
utilizarlos a nuestro favor. 

Realmente el concepto de conocimiento no es complicado en lo absoluto: es 
nuestro registro sobre todo aquello que es regular. Pero, ¿qu√© sucede cuando 
ocurren eventos que aparentemente rompen con la regularidad? Estas 
condiciones desatan el miedo m√°s profundo que puede experimentar el ser 
humano: el miedo a la incertidumbre o a no saber qué es lo que va a suceder. 
Esto significa que no sólo es la curiosidad lo que nos motiva a buscar respuestas, 
sino también el miedo. 

Lo cierto es que en la modernidad no solemos experimentar el miedo a la 
incertidumbre con frecuencia. Como miembros de una sociedad organizada, los 
seres humanos estamos programados para asimilar la cultura en la que vivimos. 
Mediante los ritos y las tradiciones, dicha cultura nos provee sutilmente de 



22 Introducción 

respuestas a los problemas inherentes a las diferentes etapas de nuestra vida. Es 
decir, las sociedades estables est√°n construidas sobre un orden que nos da 
certidumbre sobre pr√°cticamente todo. 

Para poder comprender plenamente el miedo a la incertidumbre debemos 
regresar en el tiempo, a los comienzos de la prehistoria humana; una época en la 
cual nuestros antepasados no gozaban de nuestras certidumbres modernas. En 
aquel entonces el ser humano sabía cómo era su mundo inmediato y, si con eso 
le hubiera bastado, su vida hubiera sido muy tranquila. Pero, a pesar de que su 
experiencia le decía que los ciclos de la naturaleza eran regulares, cuando el clima 
se tornaba violento y sucedían eventos anómalos (como los eclipses, el paso de 
los cometas, las erupciones volcánicas, los terremotos, etc.), esto le hacía dudar. 
Temía, por ejemplo, que tras el invierno la primavera no regresara jamás. La 
razón de fondo es que desde la perspectiva individual es fácil entender 
fenómenos como el día y la noche como regulares, porque suceden en intervalos 
muy cortos de tiempo, m√°s no suele ser tan sencillo reconocer la regularidad en 
fen√≥menos m√°s espor√°dicos, como las estaciones del a√Īo. De hecho, esto es 
precisamente lo que el ser humano primitivo ignoraba: que nuestro mundo es 
mucho m√°s complejo de lo que parece a simple vista. Es decir, no entend√≠a a√ļn 
los límites de su propia percepción. Esto nos lleva a un principio fundamental del 
conocimiento: toda ignorancia comienza por desconocer la propia ignorancia. 
Por eso con frecuencia los seres humanos calificamos erróneamente todo aquello 
que escapa a nuestro entendimiento (lo sobrehumano) como sobrenatural. 

Desde esta perspectiva no es difícil comprender el origen de las mitologías. 
√Čstas fueron los primeros intentos de las sociedades para entender el mundo que 
las rodeaba. Por ejemplo, as√≠ como los ni√Īos de hoy en d√≠a se sientan en el 
césped para observar formas en las nubes, el ser humano primitivo veía las 
estrellas y notaba en ellas ciertos patrones. Pero a diferencia de las nubes, cuya 
forma es efímera, las estrellas parecen inmóviles en el cielo, por lo que no resulta 
extra√Īo que asumieran que los patrones que observaban en ellas ten√≠an alg√ļn 
significado especial (astrología). Para muchos en la actualidad (especialmente 
para los astrónomos profesionales) tales ideas parecen absurdas; pero este 
desprecio hacia el conocimiento del pasado sólo refleja un profundo 
desconocimiento del contexto en el que estas ideas se originaron. Efectivamente, 
la posición de las estrellas era sumamente importante para nuestros antepasados 
ya que si no fuera a través de la observación del firmamento nunca hubiera sido 
posible darse cuenta de eventos tales como las estaciones del a√Īo. Es decir, el 
conocimiento astrológico desembocó en el desarrollo de una tecnología 



Introducción 


23 


fundamental para las sociedades humanas: el calendarlo. Gracias a él fue posible 
planear eventos decisivos para la supervivencia de nuestros antepasados, como 
las migraciones. También gracias a la observación y registro del firmamento fue 
posible en gran medida la navegación marítima. 

La mitología es, por tanto, el primer intento colectivo por rescatar el 
conocimiento sobre nuestro entorno, el cual normalmente escaparía a los 
individuos. Por eso este intento suele estar asociado con elementos 
trascendentes de nuestro entorno, como los astros. 

Pero, ¿por qu√© primero la mitolog√≠a? ¿por qu√© no la Ciencia, por ejemplo? 
Sucede que el interés de los seres humanos en el conocimiento suele ser 
pragmático, y varía en la medida en la que le permite ganar influencia sobre el 
medio que beneficie a sus intereses. Esto es muy relevante con respecto al 
pasado, porque conocer algunas cosas b√°sicas sobre el entorno no 
necesariamente ayuda a ganar influencia sobre √©l. Por ejemplo, ¿de qu√© le sirve a 
alguien entender la mecánica climatológica que causa la lluvia cuando está 
afligido por una sequía? En ese preciso instante necesita solamente una cosa: 
agua. Sin embargo, el conocimiento teórico puro no se traduce inmediatamente 
en una solución para esta necesidad. Por eso los seres humanos suelen 
despreciar hechos confiables pero aparentemente in√ļtiles (como el que la lluvia 
se crea a partir de la evaporación y que cae tras la condensación) y prefieren 
creer que se puede apelar a alguien para hacerla caer: porque de entre estas dos 
opciones, esta √ļltima se aproxima m√°s a su verdadero inter√©s. 

Así pues, como un refugio psicológico ante la impotencia frente a una 
Naturaleza inamovible, surgieron las deidades. Porque una deidad no es otra 
cosa que la proyección de las características humanas hacia la Naturaleza, siendo 
la m√°s fundamental de todas su personalidad. Pero, ¿por qu√© es importante 
personificar a la Naturaleza? Pues simple y llanamente porque, al personificarla, 
ésta adquiere una característica muy deseable para nosotros: la de poder 
escuchar. No obstante, el ser humano no busca sólo ser escuchado: lo que desea 
realmente es formular peticiones. Y por esta razón a las deidades, además de una 
personalidad, se les proyecta un gran poder. De esta manera el ser humano se 
siente en posibilidad de influenciar a la Naturaleza mediante su adoración, 
buscando que ésta le favorezca. 

De nueva cuenta, para quienes no comprenden al ser humano en términos 
históricos, la mitología puede parecer una divagación sin sentido. Sin embargo, la 
mitología es en realidad una proto-filosofía enfocada sobre todo a establecer las 
bases del funcionamiento social. Consideremos que entre los seres humanos 



24 Introducción 

existe una expectativa pr√°cticamente universal: un orden natural que no sea 
indiferente hacia nosotros. En particular, deseamos que una fuerza superior esté 
siempre ahí para asistirnos en caso de necesidad. En la modernidad esta función 
la desempe√Īa expl√≠citamente el Estado (polic√≠a, sistema de administraci√≥n de 
justicia, bomberos, servicios de rescate, etc.), pero en el mundo antiguo, en donde 
todo era anarqu√≠a, las deidades llenaban este gran vac√≠o social. ¿Por qu√©? Porque 
la creencia en ellas supone un elemento de legitimidad primitivo: el conocimiento 
sobrenatural. As√≠ pues, un culto com√ļn supone el entendimiento de (y obediencia 
a) un conjunto de reglas comunes; precisamente lo que cohesiona a los grupos. 

Pero he aqu√≠ uno de los mayores misterios de la Historia: ¿Por qu√© no nos 
conformamos con las respuestas mitológicas? Lo que sucede es que incluso 
cuando estamos resguardados por la sociedad, siempre estaremos expuestos a 
eventualidades capaces de romper la ilusión de la certidumbre. Por ejemplo, 
desde hace alg√ļn tiempo los centros epidemiol√≥gicos en el mundo est√°n a la 
espera de la aparición de enfermedades de fácil contagio y elevada mortalidad, 
resistentes a los antibióticos y a otros remedios. Los centros astronómicos están 
conscientes de la amenaza de asteroides equivalentes o peores que el que se 
cree que acab√≥ con los dinosaurios. ¿Cree usted que todo esto es una fantas√≠a? 
No hace falta ir muy lejos para demostrarlo: en el 2013 un asteroide que pesaba 
al menos unas cien mil toneladas cruzó la órbita de los satélites artificiales 
geoestacionarios. Lo grave fue que se descubri√≥ solamente un a√Īo antes, en el 
2012. No era tan grande como el que acabó con los dinosaurios, pero si lo 
suficiente como para acabar con cualquier ciudad existente en un abrir y cerrar 
de ojos. No debemos enga√Īarnos: siempre estamos en peligro. Por eso debemos 
preguntarnos: ¿Est√°n preparadas nuestras sociedades para enfrentar eventos 
que supongan la disolución espontánea del orden establecido? Una respuesta 
honesta sería que no lo están. Confiamos en que las cosas no se desvíen 
demasiado de nuestra cotidianidad, porque si lo hacen, nuestras sociedades ya 
no podrán decirnos qué hacer. 13 

Todo esto nos lleva a una conclusión: el miedo a la incertidumbre no es un mal 
que nos aqueja, sino una caracter√≠stica que nos protege. Es, en √ļltima instancia, 
un proceso de defensa permanente ante las se√Īales de alerta que el mundo nos 
envía esporádicamente y que nos dicen que nuestro conocimiento acerca de él, 
sea mitol√≥gico, cient√≠fico o de cualquier otra √≠ndole, nunca es suficiente. Se√Īales 

13 Los actos terroristas se cuentan entre los eventos capaces de romper con la ilusión de 

la certidumbre. Su efectividad está en proporción directa a la reticencia de una 

población a aceptar la naturaleza incierta de la vida. 



Introducción 


25 


que nos revelan que a pesar de nuestras pretensiones, nunca comprenderemos 
completamente (y por tanto, jam√°s controlaremos plenamente) el mundo en el 
que nos tocó vivir. 

SI bien el miedo a la ¡ncertldumbre es una caracter√≠stica universal entre los 
seres humanos, debemos tomar en cuenta que no todos le temen por igual. En 
cualquier época siempre ha habido personas muy adelantadas a su tiempo que 
no estaban satisfechos con el conocimiento existente y se atrevieron a abandonar 
la seguridad de la certidumbre social para retornar a la incertidumbre de la 
ignorancia. √Čstos fueron quienes se lanzaron a la vastedad del oc√©ano en fr√°giles 
embarcaciones para conquistar otros continentes o contradijeron a la autoridad 
de su tiempo, arriesgando con frecuencia su propia vida. La Humanidad debe su 
continuo avance a estos personajes, nuestros verdaderos héroes, quienes 
tuvieron la valentía de desafiar lo que nos causa más temor, para dejarnos un 
legado: demostrar que no existe barrera alguna capaz de contener la curiosidad 
humana. 




27 


Capítulo I: 

El emperador va desnudo 

La Filosofía ha muerto (...) los filósofos no han podido mantener el ritmo del 
desarrollo moderno de la Ciencia, particularmente en la Física. 

-Stephen Hawking 


El Universo se mueve 

En una ocasión me levanté por la noche porque me sentía mal. Después de tomar 
un poco de agua decidí salir al patio de mi casa para respirar un poco de aire 
fresco, pensando que así me sentiría mejor. Me senté entonce en el escalón de la 
puerta principal, frente al jard√≠n, y me hice acompa√Īar de uno de mis felinos. 
Estuve contemplando la escena por un rato, hasta que me percaté de lo silenciosa 
que puede ser una gran urbe por la noche; sobre todo si se le compara con el 
incesante bullicio del día. Y es justamente esa calma tan contrastante para un 
citadino como yo lo que me impulsó a la reflexión. 

Todo parecía quieto, demasiado quieto. Y sin embargo no es así. En todo 
momento nos movemos a una velocidad increíble. Primero, alrededor de la 
Tierra: si tomamos en cuenta que tiene una circunferencia de aproximadamente 
40 mil kilómetros y que gira sobre sí misma una vez cada 24 horas, nos movemos 
a una velocidad de hasta 1,650 Km/h en el ecuador. Es decir, una velocidad 
superior a la del sonido, o más rápido que una bala. Por si fuera poco, también 
nos movemos alrededor del Sol, a una velocidad de aproximadamente 940 
millones de kil√≥metros por a√Īo (el desarrollo de la √≥rbita de la Tierra a su 
alrededor), es decir, unos 2,570,000 Km por día, 14 o aproximadamente 107 mil 
kilómetros por hora. Sólo para darnos una idea de lo rápido que es esto, si nos 
moviéramos sobre la superficie de la Tierra a esta velocidad le daríamos casi tres 
vueltas cada hora. 

No voy a mencionar estimaciones acerca de la velocidad a la que nos 
movemos alrededor la Vía Láctea, o la que desarrollamos al movernos 
arrastrados por ella a través del Universo. 15 Lo que trato de decir con todo esto 

14 A los 75 a√Īos de edad la persona promedio ha recorrido unos 70 mil millones de 
kilómetros. 

15 Sobre todo porque en la actualidad no tenemos la menor idea. 



28 El emperador va desnudo 

es que, si uno se sienta en el patio de su casa en una noche tranquila le ser√° 
imposible percibir a simple vista la complejidad y vastedad pr√°cticamente infinita 
del mundo que nos rodea. 

El ojo de la mente 

A lo largo de la Historia hemos desarrollado multitud de instrumentos que 
amplifican nuestra percepción, con el objetivo de trascender las limitaciones de 
nuestros sentidos físicos. Por ejemplo, gracias al telescopio hemos descubierto 
que los puntos de luz en el cielo no son √ļnicamente estrellas, sino que pueden 
ser tambi√©n astros opacos como los planetas, y que √©stos son visibles √ļnicamente 
cuando reflejan la luz proveniente de otras fuentes. Y así como hemos explorado 
los confines más remotos del Universo con la ayuda del telescopio, también 
hemos utilizado el microscopio para explorar la profundidad de nuestro mundo 
inmediato y descubrir así sus secretos, revelando, por ejemplo, la existencia de 
los microorganismos. 

Sin embargo, nuestro conocimiento acerca del Universo ha aumentado 
principalmente gracias al refinamiento del sentido m√°s poderoso del que 
disponemos: la imaginaci√≥n. √Čsta nos permite ver claramente los protones, 
electrones y neutrones, que son imperceptibles a√ļn para los microscopios 
actuales más potentes. Gracias a la imaginación no necesitamos instrumentos 
para observar las placas tectónicas sobre las que flotamos en un océano de lava, 
o la sangre que fluye por las venas de nuestros cuerpos. Y quiz√° su propiedad 
m√°s asombrosa es que nos permite trascender al tiempo: podemos incluso 
comunicarnos con personas que han muerto a través de la lectura. 

Conocimiento incompleto 

Pero, ¿qu√© sucede cuando lo que nos dice nuestra imaginaci√≥n no concuerda con 
lo que nuestros sentidos f√≠sicos reportan? ¿A cu√°l debemos creerle? Por ejemplo, 
la mesa que tengo frente a m√≠, ¿se mueve como me dice mi imaginaci√≥n? ¿O debo 
creerle a mis sentidos f√≠sicos y pensar que se encuentra quieta? Seg√ļn lo 
expuesto anteriormente, la respuesta parece obvia: la mesa siempre se mueve y 
el estar quieta es una ilusión. Sin embargo, demostrar formalmente cualquiera de 
estas posturas ha resultado ser un problema mucho m√°s elusivo de lo que parece 
a primera vista. 

La teoría es la parte fácil: un objeto que se mueve es aquel que cambia su 
posición en el espacio conforme transcurre el tiempo y, para determinarlo, 
simplemente necesitamos medir su posición. Los problemas comienzan en la 
parte pr√°ctica: ¿qu√© usar√≠amos como referencia? ¿La Tierra? ¿El Sol? ¿El centro de 
la V√≠a L√°ctea? No podemos utilizar ning√ļn objeto conocido, porque tambi√©n ellos 



El emperador va desnudo 29 

pueden moverse; por tanto, estaríamos tratando de determinar la posición de 
nuestra mesa sin conocer primero la del objeto que tomamos como referencia. A 
esto se le denomina argumento circular: aquél que para resolverse hace referencia 
a sí mismo y que, por tanto, al final no se puede resolver. 

Realmente la respuesta correcta al problema de la mesa es una trivialidad. Lo 
importante acerca de nuestro ejercicio es demostrar que √ļnicamente podemos 
conocer con seguridad el movimiento relativo de un objeto con respecto a otro. 
Por ejemplo, el movimiento de la mesa con respecto a la Tierra o al Sol. Esto es 
importante porque, partiendo de la posición relativa de un objeto con respecto a 
otro, no contamos con información suficiente para demostrar concluyentemente 
si alguno de ellos esta quieto o se mueve en términos absolutos. A este principio 
lo conocemos como relatividad 16 y, aunque muchos de nosotros lo hemos 
escuchado, porque fue sin duda el tema que definió al siglo XX, pareciera que no 
nos hemos detenido lo suficiente a reflexionar sobre lo que realmente significa. 

La relatividad no es más que el relativismo filosófico (sin absolutos) aplicado a 
la Física, un concepto descrito de manera magnífica en los teoremas de la 
incompletud formulados por Gódel. Aunque están circunscritos a las matemáticas, 
dichos teoremas se pueden resumir, para nuestros propósitos, en una dicotomía 
b√°sica del conocimiento: o es de amplio alcance pero falto de coherencia o es 
coherente pero de poca amplitud. Por ejemplo, si utilizo mi imaginación para 
explicar el problema del movimiento de la mesa, inmediatamente recurriré a 
suposiciones que quiz√° sean ciertas, pero que no puedo demostrar. Porque si 
fuera posible observar la mesa desde un punto fijo en las afueras del Universo (si 
es que existe tal cosa), pronto me resultaría evidente si la mesa se mueve o no. 
Pero para ello sería necesaria una nave espacial y, como jamás he estado 
personalmente en una (y mucho menos he viajado a las afueras del Universo), 
primero tengo que creer en la existencia de tales cosas. Nadie duda de la 
existencia de los viajes espaciales o, en √ļltimo caso, de si existe una respuesta a la 
pregunta acerca de si la mesa se mueve. El punto es que aquí, sentado frente a la 
mesa, no dispongo de los elementos suficientes para comprobar directamente 
nada de eso. Sin embargo, desde mi lugar puedo comprobar cuantas veces quiera 
que la mesa se encuentra perfectamente quieta. Y puedo pedirle a cualquiera que 
corrobore mis observaciones y éste llegará a la misma conclusión. 

En resumen, no necesariamente todo lo observable es real ni todo aquello que 
es real se puede observar. Y en tiempos en los que se suele presentar al método 

16 Aunque se suele atribuir a Einstein, el concepto físico de la relatividad fue desarrollado 
principalmente por Hendrik Lorentz, Henri Poincaré y Ernst Mach. 



30 El emperador va desnudo 

científico como infalible, resulta necesario hacer énfasis en las limitaciones de la 
comprobación empírico-experimental, que es la base de la Ciencia. 

La caída de los objetos 

Contrario a lo que solemos creer, los objetos no caen. Los objetos simplemente 
se atraen entre sí. La diferencia consiste en que la atracción entre los objetos es 
mutua, mientras que el concepto de la caída como lo conocemos de manera 
tradicional, es unilateral. Así pues, solemos decir que la manzana cae al suelo, 
pero no que la Tierra cae hacia la manzana. Este cambio de perspectiva, 
aparentemente trivial, es de sumo interés para nosotros, ya que nos servirá para 
desmentir ciertas creencias que tenemos en la actualidad. 

Si hay un personaje central en el desarrollo de la ciencia moderna, ése es, sin 
duda alguna, Galileo. Su mayor haza√Īa consisti√≥ en re-descubrir la importancia 
del método empírico-experimental como regulador de la disertación puramente 
teórica. Hoy en día damos esto por sentado, pero en aquella época todo estaba 
dominado por el pensamiento medieval, lo que significa que solía bastar con citar 
un texto "aprobado" para "demostrar" algo. La simple idea de poner en tela de 
juicio una afirmación por no haber sido demostrada por otras vías (en este caso, a 
través de experimentos) era escandalosa para su tiempo; repesentaba la semilla 
de una verdadera revolución en el pensamiento. En efecto, contrario a lo que 
afirmaban personajes tan prestigiosos como Aristóteles o Incluso el sentido 
com√ļn de la mayor√≠a de las personas, Galileo se atrevi√≥ a defender la versi√≥n m√°s 
antigua del principio de equivalencia, el cual establece que la masa inercia! y la 
masa gravitacional de un cuerpo son equivalentes. Coloquialmente decimos que, 
en el vacío, el ritmo con el que un objeto se aproxima al suelo en caída libre es 
independiente de su peso; o lo que es lo mismo, que todos los cuerpos caen a la 
misma velocidad . 17 Sobra decir que hay numerosos experimentos que 
demuestran este principio. Por ejemplo, objetos de diferente masa han sido 
soltados simultáneamente en cámaras de vacío aquí en la Tierra, así como en la 
Luna (donde el vacío existe naturalmente), y éstos siempre parecen tocar el suelo 
al mismo tiempo. Se trata de una verdad aceptada universalmente porque 
cualquiera de nosotros puede (al menos en teoría) replicar estos experimentos y 
obtener los mismos resultados. 

Sin embargo, nuestro énfasis en el uso práctico del conocimiento nos impide 
profundizar en los detalles. Con frecuencia se habla del resultado final del 
experimento pero casi nunca de la precisión con la que se realizaron las 

17 "El movimiento de cualquier partícula de prueba en caída libre es independiente de su 
composición y estructura." -Galileo Galilei 



El emperador va desnudo 31 

mediciones. Esto podría ser de gran ayuda para determinar si el principio de 
equivalencia seguiría siendo válido en caso de realizarse mediciones más 
precisas. De hecho, la Historia nos asiste al revelar la importancia de nuestras 
limitaciones. El mismo Galileo asumió erróneamente que la luz se movía de 
mantera instant√°nea tras su fallido experimento para medir su velocidad 
empleando linternas separadas por una distancia considerable. La razón por la 
que no pudo notar retraso alguno no es porque no lo hubiera, sino simplemente 
porque en esa época no existían instrumentos capaces de medir lapsos de 
tiempo tan breves. 18 

De hecho, con independencia de los resultados que arrojen nuevos 
experimentos, existen razones justificadas para suponer que los objetos m√°s 
pesados sí caen más rápido que los ligeros. Para explicarlo, comencemos por 
recordar que, si tomamos a la gravedad como el √ļnico factor en la 
interacción entre dos objetos, la velocidad de aproximación será el resultado 
directo de la aceleración producida por la suma de la fuerza de ambos. Así es que, 
si consideramos solamente la aceleración que produce la fuerza de atracción 
entre un objeto como la Tierra y dos de diferente masa, debe existir una 
diferencia entre sus respectivas velocidades de aproximación, aunque sea en 
extremo peque√Īa. S√≥lo para darnos una idea de cuan peque√Īa podr√≠a ser, 
podemos calcularla empleando la siguiente fórmula: 


1 /( 


masa t . +masa^. t , 

tierra objeto 1 ' 

maS0 tierra* maSQ objeto! 


Se estima que la Tierra posee una masa total de 5.97219 x 10 27 g 
(aproximadamente seis Gg), 19 así que no se moleste en utilizar una calculadora 
ordinaria para tratar de resolver esta fórmula; no tiene la precisión suficiente. La 
respuesta es que la diferencia entre un objeto de 1 Kg y uno de 2 Kg, en 
condiciones idóneas, sería de 0.0000000000000000002359 veces más tiempo; una 
diferencia mucho m√°s sutil que lo que nuestros actuales instrumentos nos 
permiten registrar. Desde luego, este resultado no debe tomarse de manera 


18 Hoy sabemos que la luz se transmite aproximadamente a 300 mil kilómetros por 
segundo en el vacío. 

19 Si nunca ha escuchado hablar sobre los Grouchigramos (1 0 27 g, en honor al comediante 
Groucho Marx), no se preocupe, es porque no existen. La escala actual de prefijos para 
los órdenes de magnitud se termina con los Yottagramos, que equivalen a un cuatrillón 
(10 24 ) de gramos. Estamos literalmente fuera de los límites del conocimiento actual... 



32 El emperador va desnudo 

literal, ya que proviene de una fórmula abstracta que sólo toma en cuenta la 
intensidad de la fuerza y no otros factores involucrados, como la resistencia del 
objeto a acelerarse (inercia). Nos sirve m√°s bien para ilustrar claramente cuan 
sutiles pueden ser estas diferencias en el mundo real. De esta manera ya no 
parece tanto una arbitrariedad afirmar, sin realizar experimento alguno y 
simplemente extrapolando el conocimiento existente, que desde el punto de vista 
de la Tierra los objetos que tienen m√°s masa se aproximan (caen) hacia su 
superficie con mayor velocidad. 


De hecho, nuestra objeción a la interpretación actual del problema de la caída 
libre es bastante simple: parte de la suposición errónea de que sólo se mueven 
los objetos que caen, ignorando que la Tierra también lo hace. Sólo cuando nos 
imaginamos a nosotros mismos como observadores externos a la escena (y no 
posados sobre uno de los objetos que estudiamos), resulta inmediatamente 
evidente qué es lo que sucede en realidad: la Tierra no sólo se mueve 
verticalmente sino también horizontalmente, y esto afecta el ritmo de aceleración 
relativo entre los objetos involucrados y el orden en el que se tocan. 



Ilustraci√≥n 1: Es cierto que el objeto grande atrae a los peque√Īos con la misma 
intensidad, pero tambi√©n es cierto que los objetos peque√Īos tambi√©n atraen al 
objeto grande. Y como el objeto m√°s peque√Īo ejerce menos influencia que el 
mediano sobre el objeto grande, este √ļltimo se aproximar√° ligeramente m√°s al 
mediano, por estar sujeto él mismo al movimiento. Esto significa que los objetos 
m√°s grandes siempre se tocar√°n primero. O, desde la perspectiva del objeto 
grande, el objeto mediano "cae" con mayor velocidad. 



El emperador va desnudo 33 

Es comprensible que la comunidad científica no quede convencida sólo con 
palabras, por lo que propondremos un experimento para demostrar lo que aquí 
se afirma. Pero como a√ļn somos incapaces de manipular un astro como la Luna 
para averiguar si cae m√°s r√°pido hacia la Tierra que una canica, nos vemos 
forzados a emplear un método indirecto: imanes. Al igual que la gravedad, el 
magnetismo de los imanes interact√ļa con otros objetos a distancia, con la ventaja 
de que su intensidad es mucho mayor, haciendo a estos procesos m√°s f√°ciles de 
observar. Y aunque parecería que sustituir gravedad con magnetismo adulteraría 
los resultados del experimento, debemos recordar que nada que se encuentre en 
ambos extremos del signo de igual afecta a una ecuación. Es decir, se trata del 
mismo fenómeno de atracción y, aunque su intensidad es mayor, las 
proporciones entre los cuerpos se mantienen intactas. Así es que colocaremos los 
imanes como aparecen en la Ilustración 1 y los soltaremos para ver qué ocurre. 

Seguro se estar√° preguntando si estamos trucando deliberadamente el 
experimento al posicionar los objetos peque√Īos en lados opuestos del objeto 
grande. Pues bien, es cierto que cuando dos objetos atraen a otro desde la misma 
direcci√≥n, √©stos pueden considerarse como parte de un √ļnico objeto y, por tanto, 
deber√≠an aproximarse a la misma velocidad. Entonces, ¿volvemos nuevamente a 
la observación de Galileo? No necesariamente. Aquí es precisamente en donde 
podemos notar que el error histórico es puramente humano: la Tierra es tan 
grande en comparación con los objetos que observamos, que solemos asumir 
que su superficie es plana. Sólo esto explica por qué tratamos de resolver el 
problema de la caída libre contraponiendo la inercia de los objetos (bajo la 
suposición de que equivale a su masa) con la fuerza que ejercen por su atracción 
gravitacional, sin tomar en cuenta en ning√ļn momento su direcci√≥n: 

fuerza 10OO x fuerza 

—=constante grMmM ——— constante gr „ itaM 

Al descartar la dirección del movimiento inducimos una premisa: abajo 
representa una direcci√≥n com√ļn a todos los objetos que estudiamos. Esto nos 
lleva a pensar que su ca√≠da es paralela entre s√≠ (como si fueran un √ļnico objeto). 
Sin embargo, en el mundo real la Tierra no es plana, sino una esfera ligeramente 
irregular, y esto se traduce en que los cuerpos que son atraídos hacia ella se 
mueven en realidad hacia su centro de masa, con ligeras diferencias de 
aproximación entre sí de tipo angular. En términos más precisos, se trata de 
interacciones de tipo vectorial (con magnitud y dirección) que no pueden 
resolverse satisfactoriamente empleando ecuaciones escalares (sólo con 



34 El emperador va desnudo 

magnitud). Debido a esta diferencia angular, los objetos m√°s grandes siempre se 
tocar√°n mutuamente primero, con independencia del √°ngulo en el que los 
ubiquemos alrededor de la circunferencia. Es decir, no introducimos este 
comportamiento al posicionarlos en extremos opuestos sino que simplemente lo 
exageramos por razones de claridad. 



Ilustración 2: Esta suma vectorial demuestra que la naturaleza asimétrica de la 
interacci√≥n del objeto grande con los m√°s peque√Īos le impide describir una 
trayectoria recta vertical. Nótese que en el plano horizontal se acerca a uno de 
ellos y se aleja del otro. Siempre y cuando los objetos m√°s peque√Īos est√©n 
separados del grande por una misma distancia, la diferencia entre sus 
respectivas masas determinar√° el orden en el que se tocan (primero los m√°s 
grandes), sin importar su orientación inicial. 

Quiz√° estas diferencias son tan sutiles en la vida cotidiana que podemos 
ignorarlas para fines prácticos. Pero debemos enfatizar que lo que aquí nos 
interesa es conocer la m√°xima verdad posible sobre el mundo que nos rodea. En 
este sentido, la afirmación de que todos los objetos caen a la misma velocidad, 
con independencia de la masa, es falsa. Es cierto que en la actualidad no 
podemos demostrarlo por la v√≠a experimental, pero esto se debe √ļnicamente a 
que, al igual que en el caso de Galileo, no disponemos de alg√ļn instrumento 




El emperador va desnudo 35 

capaz de medir directamente diferencias tan sutiles. Sin embargo, el criterio 
filosófico queda satisfecho: al no ser capaces de emplear la vía experimental para 
confirmar o refutar lo que se afirma, no queda otra opción que emplear el análisis 
lógico como método de demostración. En este sentido, la Filosofía se distingue de 
la Ciencia por no insistir en que el conocimiento debe ser presentado en una 
forma espec√≠fica (en este caso, acompa√Īado de evidencia emp√≠rico-experimental). 
O, para ser m√°s precisos, establece que presentar dicha evidencia ser√≠a en √ļltima 
instancia la solución ideal al problema, pero también reconoce plenamente 
nuestras limitaciones actuales e ignora provisionalmente este criterio. 

La pregunta precede a la respuesta 

Existe una √ļnica objeci√≥n que podr√≠a hacerse con respecto a nuestro experimento 
sobre la caída libre: analizamos de manera simultánea el comportamiento de tres 
objetos. Así es que podría argumentarse, con cierta razón, que de realizarse el 
mismo experimento con sólo dos objetos, entonces ya no existiría el fenómeno 
antes descrito. 

A esto responderemos que en el mundo real no sólo los objetos con distintas 
masas se aproximan a diferentes ritmos, sino que incluso objetos con una misma 
masa pueden tener diferentes velocidades de aproximación. Por ejemplo, 
imagine dos objetos de 10 Kg: un cable muy delgado de nanotubos con una 
longitud de 10 Km y una bola de acero. Si extendiésemos el cable en forma 
vertical y dej√°semos caer ambos objetos desde la misma altura, ¿tardar√≠an el 
mismo tiempo en llegar al suelo? Por supuesto que no, porque el cable de 
nanotubos tiene la misma masa que la bola de acero pero en una configuración 
geométrica distinta. Esto es importante, porque cualquier cambio en la forma de 
un cuerpo, por min√ļsculo que √©ste sea, afecta la posici√≥n de las part√≠culas que lo 
constituyen. Aunque la influencia sobre ambos objetos es idéntica en su parte 
inferior, no lo es en la parte superior, y esto se traduce en que la atracción 
promedio que la Tierra ejerce sobre el cable de nanotubos es ligeramente menor, 
en comparación con la bola de acero, lo que produce una aceleración también 
menor. 20 De hecho, si tomamos en cuenta la diversidad casi infinita en formas y 
tama√Īos que existe en la realidad, parece virtualmente imposible encontrar dos 
objetos en todo el Universo que caigan exactamente a la misma velocidad. 

Lo curioso es que ante la objeción antes planteada no tenemos una, sino dos 
respuestas, y aunque la segunda es indirecta, es la m√°s importante de las dos. 

20 Si lo duda, imagine que nuestro hipotético cable se extiende de alguna forma desde la 

Tierra hasta el Sol, permaneciendo a igual distancia de sus respectivas superficies. 

¿Hacia d√≥nde "caer√≠a" entonces? ¿Hacia la Tierra o hacia el Sol? 



36 El emperador va desnudo 

Pero para poder expresarla apropiadamente es necesario que suspendamos por 
un momento los asuntos técnicos de nuestra discusión y nos concentremos en 
dar una introducción más general al proceso de investigación. Ya que para la 
Filosofía los detalles específicos (el qué) son siempre secundarios con respecto a 
averiguar la razón que nos motiva a encontrarlos (el porqué). 

Si la ciencia contemporánea fuera un ejército, definitivamente sería uno 
armado hasta los dientes. No en vano hemos pasado los √ļltimos siglos 
examinando cuidadosamente el mundo a nuestro alrededor y destilando nuestra 
experiencia colectiva para producir conocimiento. Pero no hablamos sólo de 
hechos concretos, sino de algo a√ļn m√°s importante: hemos aprendido a 
identificar algunos de nuestros errores de razonamiento m√°s comunes y a 
corregirlos apropiadamente. Para ayudarnos en esa tarea hemos desarrollado un 
amplio repertorio de técnicas de experimentación sofisticadas, las cuales son 
empleadas cotidianamente por la comunidad científica profesional. Quizá el caso 
más paradigmático sea el uso de grupos de control dentro de la investigación 
farmacéutica, consistente en administrar no sólo el medicamento que se busca 
estudiar, sino también un placebo inerte, sin que los pacientes que participan en 
el estudio sepan cu√°l de ellos reciben. Esto tiene como objetivo distinguir entre 
los efectos producidos por el fármaco administrado y los de la simple sugestión. 
Dichas precauciones pueden extenderse a√ļn m√°s empleando el m√©todo del doble 
ciego, en donde los mismos investigadores que realizan el experimento 
desconocen lo que realmente administran al paciente. 

Sin embargo, como en todo aspecto de nuestra cultura, es importante 
recordar que la tradición científica también se transmite de generación en 
generación. 21 Esto significa que los científicos profesionales suelen conocer bien 
las respuestas a las demandas de su profesión, más no necesariamente las 
preguntas que las motivan. 22 Es por ello que quienes se enfocan en √°reas del 
conocimiento relacionadas directamente con el ser humano (como la medicina o 
la psicología) parten de un punto de vista privilegiado para entender la verdadera 

21 La metodología de investigación suele provenir de una fuente externa (como por 
ejemplo, la educación universitaria). 

22 Con excepción de la Geometría, ninguna de las herramientas que empleamos para 
ordenar y evaluar el conocimiento (la Lógica, las Matemáticas, la Ciencia, etc.) existe 
como un elemento externo de la realidad. Se trata de una respuesta que obedece a 
una pregunta (o a una necesidad) planteada previamente por nosotros. Es por ello 
que, sin un entendimiento pleno de las circunstancias que les dieron origen, siempre 
correremos el riesgo de emplearlas incorrectamente. 



El emperador va desnudo 37 

naturaleza de las herramientas empleadas en la investigación: existen con el 
√ļnico prop√≥sito de subsanar las deficiencias inherentes a nuestro propio 
pensamiento. En otras palabras, quienes emplean habitualmente las técnicas 
experimentales antes mencionadas suelen estar bien conscientes de la 
motivación que hay detrás: se busca mitigar los efectos negativos de lo que se 
conoce como sesgos cognitivos. 23 

En el caso de la Física, los científicos suelen buscar intuitivamente lo que se 
conoce como condiciones de laboratorio, que b√°sicamente tratan de aislar el factor 
estudiado en el experimento homologando lo m√°s posible el resto de los 
parámetros involucrados. En el caso del problema de la caída libre, esto significa 
que se deben emplear objetos que tengan la misma forma (digamos, esferas) y 
que sólo difieran entre sí por su masa (diferente densidad), así como dejarlos caer 
desde una altura homologada, realizar el experimento con un objeto a la vez (en 
vez de dos objetos simult√°neamente, como en nuestro caso), etc. Por el contrario, 
cuanto más heterogéneas sean las condiciones experimentales, tanto menor será 
la validez asignada al experimento por parte del investigador. 

Como parte de la ciencia contemporánea, la Física es una de esas áreas que 
suele dar poca importancia al papel del ser humano dentro del conocimiento, por 
lo que no debería sorprendernos que los físicos profesionales rara vez sientan la 
necesidad de justificar las condiciones de laboratorio. 24 Si alguna vez han 
reflexionado al respecto, muy probablemente lo explicarían de las siguiente 
manera: en su carácter de disciplina teórica, la Ciencia funciona bajo el principio 
de abstracción; es decir, no busca describir el comportamiento de ninguna 
situación específica, sino de identificar principios generales que son aplicables en 
cualquier circunstancia. Así pues, nuestra experiencia colectiva nos dice que la 
mejor manera de lograrlo consiste en eliminar los factores redundantes dentro 
de la experimentación. Sin embargo, aunque razonable y bastante difundida, la 
noción anterior está incompleta; como de costumbre, la respuesta apunta más 
bien hacia el ser humano: al igual que el telescopio o el microscopio, las 
condiciones de laboratorio existen con el √ļnico prop√≥sito de amplificar nuestra 
percepción. En términos más específicos, se trata de un mecanismo que hemos 

23 Los sesgos cognitivos son deficiencias en nuestra capacidad de razonamiento. Por 
ejemplo, el sesgo de la confirmación consiste en dar un trato preferencial a la evidencia 
que confirma nuestras opiniones existentes, minimizando o ignorando por completo 
todo aquello que las contradice. 

24 "La Filosof√≠a de la Ciencia es tan √ļtil para los cient√≠ficos como la Ornitolog√≠a lo es para 
las aves." 



38 El emperador va desnudo 

ideado para agregar artificialmente contraste al mundo que nos rodea, 
haciéndolo más fácil de entender. 25 

Aunque se trata de un tema poco estudiado hasta ahora, la percepción es un 
elemento central para la investigación, puesto que representa uno de los dos 
aspectos básicos de la mente humana. Así lo establece un modelo desarrollado 
en los comienzos del psicoan√°lisis, que consiste b√°sicamente en subdividir a la 
mente en fundones cognitivas, que son modalidades básicas de operación que 
trabajan en conjunto para producir nuestras ideas. Seg√ļn este modelo, existen 
dos clases de fundones cognitivas: de percepción (sensorialidad e intuición) y de 
juicio (pensamiento y sentimiento). 26 

Es importante destacar que algunas fundones cognitivas son recíprocas entre 
sí, lo que impide su uso simultáneo. Esto explica por qué, aunque la psique 
humana posee todas las funciones cognitivas, cada individuo las emplea de 
manera distinta: invariablemente desarrollamos una preferencia por alguna en 
particular. El uso continuado de dicha función cognitiva fortalece su importancia 
dentro de la mente, estableciendo una jerarquía entre las funciones, lo que da 
prioridad a ciertos tipos de información. Los tipos psicológicos son las 
configuraciones mentales posibles que emergen de un conjunto b√°sico de 
funciones y que predeterminan nuestra forma de pensar. 

Lo importante aquí es que la fortaleza neta de una función cognitiva puede 
variar incluso entre personas que comparten un mismo tipo psicológico. A esto se 
le denomina com√ļnmente inteligencia y, en el caso de las funciones de juicio, es 
f√°cil de explicar: representan la capacidad para procesar adecuadamente la 
información. Por ejemplo, las pruebas de inteligencia convencionales miden 
nuestra capacidad para responder satisfactoriamente a una serie de preguntas. 

Por otro lado, existe un tipo de inteligencia diferente, relacionada con las 
funciones de percepci√≥n. √Čsta resulta un tanto m√°s dif√≠cil de explicar, no porque 
las funciones de percepción sean intrínsecamente más complejas que las de 
juicio, sino porque est√°n relacionadas directamente con nuestra manera de 
entender el mundo. En particular, rigen la agudeza de nuestra percepción. Por 
ejemplo, pr√°cticamente todos podemos identificar correctamente los colores m√°s 
básicos (azul, verde, rojo, naranja, etc.) pero algunas personas también son 
capaces de identificar correctamente las diferentes tonalidades de un mismo 
color: en el caso del azul tenemos turquesa, capri, Francia, cobalto, de Persia, 

25 Como la percepción de los colores dentro de la evolución. 

26 Cari Gustav jung - Tipos psicológicos. 



El emperador va desnudo 39 

grisáceo, Oxford, de Prusia, celeste, índigo, etc. Lo curioso es que la agudeza en la 
percepción no está relacionada directamente con el órgano sensorial (ojo); salvo 
que existan anomalías genéticas, el nivel de sensibilidad orgánica de la mayoría 
de las personas es bastante similar. Lo que realmente difiere es la configuración 
mental: el elemento psicológico de la percepción es más agudo en algunos 
individuos, lo que los hace prestar más atención a esta clase de detalles. 27 

Si hablamos de percepción es porque resulta indispensable para ilustrar la 
evolución del conocimiento, dentro de la cual la inteligencia de juicio representa 
una suerte d e fuerza bruta. Por ejemplo, a comienzos de la carrera espacial no se 
conocía el combustible apropiado para cohetes, pero una vez planteado el 
problema, sólo era cuestión de tiempo para que alguien lo resolviera. No es por 
tanto este tipo de inteligencia lo que nos separa de nuestros ancestros; 
seguramente desde hace milenios eran tan capaces de resolver esta clase de 
problemas como lo somos hoy en día. Se trata más bien de una barrera impuesta 
por la percepción: nuetros antepasados remotos jamás hubieran descubierto la 
respuesta correcta (la combustión de hidrógeno y oxígeno puros) porque no 
conocían el concepto de elemento, y muchos menos el planteamiento inicial (la 
posibilidad de construir naves espaciales). 28 

Regresando al tema de la caída libre, es cierto que con el simple hecho de 
analizar el comportamiento de varios objetos de manera simult√°nea violamos 
deliberadamente la ortodoxia experimental, que tan bien nos ha funcionado a lo 
largo de los siglos. Lo hacemos porque queremos evitar el empleo de nuestras 
funciones de juicio (responder a una hipótesis de trabajo previamente planteada 
ideando la manera de confirmarla o refutarla), que es la forma tradicional de 
abordar el problema. M√°s bien queremos abordarlo desde el punto de vista de la 
percepción: analizar la pregunta misma; lo que nos motiva a explorar en primer 
lugar. 

¿Qu√© es lo que buscan innumerables cient√≠ficos y divulgadores de la Ciencia al 
dejar caer dos objetos al suelo? ¿Demostrar al p√ļblico el principio de 
equivalencia? 29 No importa cuan sofisticado sea el experimento (sea en el patio 
de nuestra casa o en la Luna) no parecen darse cuenta de que determinar si tocan 

27 La educación también es un factor importante para la agudeza de la percepción. 

28 La inteligencia (capacidad para resolver problemas) complementa a la consciencia 
(capacidad para plantearlos). √Čsta √ļltima es una caracter√≠stica exclusiva de los seres 
humanos. 

29 ¿Ser√° m√°s bien recalcar la importancia de la cr√≠tica filos√≥fica de Galileo al pensamiento 
escol√°stico predominante? 



40 El emperador va desnudo 

o no el suelo al mismo tiempo es en realidad una trivialidad. Todos parecen haber 
pasado por alto que lo importante aquí es analizar los efectos que produce la 
introducci√≥n del tercer cuerpo dentro del experimento. ¿Se rigen los conjuntos 
complejos por las mismas reglas de operación que los conjuntos más 
simples? Esta es una de las interrogantes centrales de este libro, la cual 
tendremos oportunidad de explorar a profundidad en capítulos posteriores. Pero 
para entender plenamente las implicaciones de este cambio de perspectiva es 
necesario dar nuevamente un vistazo al pasado. 

Por m√°s de un milenio nadie puso en duda uno de los postulados centrales de 
Euclides: la suma de los √°ngulos de cualquier tri√°ngulo siempre equivale a 180 
grados. 30 Pero sólo porque a nadie se le ocurrió dibujar un triángulo en una 
superficie curva, en donde la suma de dichos √°ngulos puede ser inferior o 
superior a 180 grados, dependiendo de si es cóncava o convexa. A esto se le 
conoce como geometría parabólica e hiperbólica, ambas variantes de la geometría 
no-euclidiana. 

Lo importante aquí es que una interpretación simplista habría dado a Euclides 
por vencido: la mera existencia de dichos triángulos supone una refutación 
directa (lógica) a sus principios. Sin embargo, lo que realmente hicimos fue 
ampliar nuestra percepción: dado que nuestro mundo no es bidimensional, sino 
tridimensional, la geometría no-euclidiana no se opone realmente a los 
postulados de Euclides; más bien los convierte en un caso especial (geometría 
plana) dentro de una geometría más general (tridimensional). 

De igual forma, nuestra disertación sobre el tema de la caída libre no busca 
realmente refutar las ideas de Galileo, sino demostrar que el principio de 
equivalencia representa un caso especial dentro de una mec√°nica m√°s general 
que rige al Universo. 

Inercia 

Si pudiéramos observar a un objeto viajar a través del Universo sin chocar con 
nada, ¿qu√© har√≠a √©ste al llegar al "borde"? De acuerdo con la Primera Ley de 
Newton , 31 la fuerza está relacionada con los procesos de aceleración pero no con 
el movimiento mismo, el cual se considera una propiedad que no varía (estática) 
una vez establecida. Es decir, se asume que el movimiento emerge de una 
propiedad interna y autosustentable de los objetos llamada inercia. De acuerdo 


30 "La suma de los √°ngulos de cualquier tri√°ngulo es igual a dos √°ngulos rectos." -Euclides 

31 "Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a 
no ser que sea obligado a cambiarlo por fuerzas impresas sobre él." -Isaac Newton 



El emperador va desnudo 41 

con este modelo, nuestro objeto seguiría su curso indefinidamente, escapando 
eventualmente del Universo. 32 

El actual concepto de la inercia parece razonable si tomamos en cuenta la 
manera en la que los objetos se comportan a nuestra escala, y por lo mismo 
nadie parece haber notado que es un absurdo. Porque si el movimiento es una 
propiedad Interna y autosustentable (y por tanto independiente de otros objetos), 
¿c√≥mo es que puede alterarse desde fuera? El simple hecho de que un objeto 
pueda mover a otro implica la existencia de un proceso com√ļn a ambos y, por 
tanto, de una propiedad externa. De hecho, resulta bastante curioso que Newton 
no haya profundizado en la diferencia entre un objeto en movimiento y uno en 
reposo. En cualquier caso, nosotros vamos a pasar por alto estas ¡deas porque 
vamos a proponer una objeción: considerar al movimiento como una propiedad 
interna y autosustentable de los objetos es una hipótesis viciada de origen. 

Comencemos por mencionar que las ¡deas de Newton son un refinamiento del 
concepto de la inercia de Galileo y en ning√ļn caso parten de observaciones 
empíricas, sino que son el resultado de las características psicológicas que estos 
dos personajes comparten: preferir el modelo reduccionista al realizar su an√°lisis 
del movimiento. Es decir, ambos parten de la suposición de que el objeto de 
estudio es un ente aislado. Sin embargo, esto no tiene sentido en el mundo real, 
porque todos los objetos se encuentran siempre rodeados por otros objetos, con 
los que interaccionan permanentemente a través de la fuerza de gravedad. Esto 
significa que el escenario implícito en la Primera ley de Newton, en donde las 
fuerzas pueden suspenderse, aunque √ļtil en sentido pr√°ctico para simplificar el 
c√°lculo del movimiento, nunca se cumple. En el mundo real las fuerzas 
gravitatorias de los objetos circundantes est√°n siempre presentes y, por tanto, no 
se activan y se desactivan en t√©rminos absolutos, s√≥lo se intensifican o aten√ļan, 
dependiendo de su distribución. De esta manera llegamos a uno de los temas 
inconclusos de la Física más importantes de todos los tiempos, el Principio de 
Mach: 

La inercia de cualquier sistema es el resultado de su Interacción con el resto del 
Universo. En otras palabras, cada partícula del Universo ejerce una influencia 
sobre todas las demás partículas. 

32 La curvatura del espacio-tiempo, propuesta por Einstein en su Teoría General de la 
Relatividad, debería impedir que esto suceda. No vamos a profundizar en estas ideas 
debido a que no hemos resuelto todavía un problema fundamental: dentro de la Física 
no tiene sentido la coexistencia de modelos capaces de explicar satisfactoriamente un 
mismo fenómeno empleando dos marcos conceptuales incompatibles entre sí. 



42 El emperador va desnudo 

Aunque esta ¡dea nunca fue desarrollada plenamente, nos explica correctamente 
que nuestro estado cinético aquí en la Tierra tiene su origen en el resto de los 
objetos que nos rodean, incluso en los lugares m√°s distantes del Universo. Todo 
comienza con una observación muy simple: matemáticamente hablando, lo muy 
sutil se puede compensar con lo muy numeroso. Es decir, si bien la influencia 
individual de una partícula distante puede no significar mucho por sí misma, no 
debemos perder nunca de vista que en el Universo existe una cantidad 
descomunalmente grande de ellas. De esta manera la influencia neta de las 
galaxias lejanas puede llegar a ser incluso tan intensa en su conjunto como la de 
un objeto local, al ser mucho m√°s numerosas y masivas que nosotros. 33 

Si queremos entender este fenómeno es necesario recordar que todos los 
objetos del Universo (como los planetas o incluso nosotros mismos) est√°n 
constituidos en √ļltima instancia por part√≠culas individuales, y que son √©stas las 
que en realidad interact√ļan entre s√≠ a trav√©s de la fuerza de gravedad. Esta 
distinción es muy importante porque el comportamiento de los objetos 
macroscópicos es distinto al de las partículas individuales que los constituyen. Y 
para describir apropiadamente el comportamiento de los objetos macroscópicos 
son necesarios nuevos principios que tomen en cuenta ciertas variables que no 
existen a nivel fundamental. 

Por ejemplo, cuando se analizan las interacciones entre los objetos 
macroscópicos se suele menospreciar la importancia del concepto de distancia. 
La metodología convencional de análisis consiste en establecer centros de masa 
para los objetos involucrados y calcular a partir de ellos la intensidad de la 
atracci√≥n. Pero al establecer arbitrariamente un punto √ļnico desde el cual se 
ejerce la atracción gravitacional se asume que esta influencia tiene no sólo una 
magnitud √ļnica, sino tambi√©n una misma direcci√≥n. Pasa por alto que, en sentido 
estricto, la intensidad de la fuerza individual de las partículas es siempre la 
misma, pero su influencia tiene distintas manifestaciones desde la perspectiva del 
objeto macroscópico, por su naturaleza vectorial. Es decir, la dirección neta en la 
cual se ejerce la fuerza puede desviarse en mayor o menor medida del promedio 
general, un efecto pr√°cticamente imperceptible en los objetos que se encuentran 
separados entre sí por grandes distancias, pero que es especialmente importante 
para los que se encuentran muy próximos entre sí. Se trata de una singularidad 
capaz incluso de revertir los efectos netos de la gravedad. 

33 La influencia de estos objetos lejanos es esencialmente homogénea, por lo que no 
podemos atribuirle efectos específicos sobre nosotros, como incorrectamente lo 
hiciera la Astrología en el pasado. 



El emperador va desnudo 


43 




* 



* 


* 


Ilustración 3: Un sistema con dos objetos en el que uno de ellos se encuentra en 
el interior de otro experimenta los efectos de la gravedad de forma inusual: en 
vez de que su Intensidad aumente conforme se aproximan sus respectivos 
centros de masa, disminuye hasta desaparecer por completo. Alcanzado tal 
punto, es imposible para el objeto interior determinar la intensidad de la fuerza 
ejercida sobre él desde el exterior. Siempre y cuando permanezca equilibrada, 
puede variar infinitamente sin que provoque efectos observables. Cabe destacar 
que éste modelo gravitacional interior es el apropiado para describir la relación 
que existe entre cualquier objeto y el Universo en su conjunto. 

Para explicarlo comencemos por recordar que en matem√°ticas la unidad (1) es 
una singularidad, ya que las multiplicaciones por cantidades inferiores a la unidad 
se comportan como divisiones y viceversa (las divisiones se comportan como 
multiplicaciones). Como veremos m√°s adelante, todas las propiedades 
matem√°ticas que nos son √ļtiles provienen en realidad de la Geometr√≠a y, en el 
caso particular de nuestra singularidad, ésta se manifiesta en la superficie de los 
objetos macroscópicos. Por ejemplo, nosotros percibimos claramente el efecto de 
la gravedad de la Tierra sólo porque nos encontramos posados sobre su 
superficie (en uno de sus bordes). Pero si en lugar de eso la Tierra fuera hueca y 
pudiéramos penetrar en su interior, entonces los efectos netos de atracción 
gravitacional se revertirían: desde nuestro punto de vista su intensidad 
disminuiría conforme nos acercamos al centro, hasta desvanecerse por completo. 
Es decir, en el centro de la Tierra flotaríamos, incluso estando rodeados de 
materia que nos atrae, ya que su influencia se cancelaría mutuamente al provenir 
simult√°neamente de direcciones opuestas. Desde luego, esto representa una 



44 El emperador va desnudo 

situación hipotética con respecto a la Tierra, pero convendría mantener presente 
que es nuestra realidad cotidiana con respecto al resto del Universo. Así pues, 
flotamos en el espacio simplemente porque estamos rodeados de materia en 
todas direcciones (como galaxias y nebulosas). 34 Esto se traduce en que nuestro 
entendimiento de la gravedad basado en nuestra realidad cotidiana aquí en la 
Tierra no necesariamente aplica al Universo en su conjunto. 

Nuestro modelo colectivo-vectorial contrasta con el reductivo-escalar actual, ya 
que √©ste √ļltimo analiza los efectos de la atracci√≥n gravitacional mediante una 
progresión cuadrática simple que sólo toma en cuenta la distancia entre los 
cuerpos (centros de masa). Lo anterior nos llevaría a la falsa conclusión de que la 
atracción gravitacional se incrementaría infinitamente conforme los objetos se 
acercan mutuamente. Sin embargo, lo que sucede en realidad es que, aunque la 
intensidad de la gravedad permanece constante, sus efectos netos comienzan a 
atenuarse al manifestarse en direcciones divergentes; o lo que es lo mismo, la 
atracción gravitacional pierde coherencia con la proximidad. 

En general, a menor distancia entre dos objetos, mayor es la divergencia en la 
dirección desde la que sus partículas individuales ejercen su influencia. Esto 
produce una suma vectorial progresivamente más heterogénea, que tiende a 
cancelarse conforme se aproximan a sus respectivos centros de masa. 
Recíprocamente, la influencia de los objetos distantes es una suma vectorial 
progresivamente más homogénea que, por tanto, tiende a reforzarse. Esto lo 
podemos sintetizar en un principio: 

La distancia entre dos objetos determina tanto la intensidad de la fuerza como 
su coherencia. En aquéllos que se encuentran próximos entre sí la fuerza es 
intensa y la coherencia es baja. En los objetos distantes la fuerza es sutil y la 
coherencia es alta. 

Aunque los objetos ubicados en el "borde" del Universo se encuentran separados 
entre sí por grandes distancias, debido a este principio son capaces de afectarnos 
a nosotros pr√°cticamente de forma unidireccional. Aunado al hecho de que 
desconocemos el tama√Īo real del Universo y, por tanto, la intensidad neta de la 
fuerza gravitacional que éste ejerce sobre nosotros, no parece tan descabellado 
proponer que la mayor parte de la influencia que experimentamos no proviene 
necesariamente de los objetos más próximos, sino de los rincones más remotos 
del Cosmos; el movimiento relativo a las "estrellas fijas" del que hablaba Mach 
(aunque cabe mencionar que existen otros factores que ya abordaremos a detalle 
m√°s adelante.). 

34 Nos encontramos en alg√ļn punto intermedio entre el centro del Universo y su "borde". 



El emperador va desnudo 


45 



Ilustración 4: En un Universo holístlco el movimiento de los objetos está 
determinado por el balance entre dos fuerzas ficticias: una centrífuga que lo 
acerca al límite exterior y otra centrípeta que lo mantiene cerca del centro. 
Conforme los objetos se aproximan al límite exterior, la influencia centrífuga 
disminuye con respecto a la centrípeta, y más allá de dicho límite desaparece por 
completo, por lo que ning√ļn objeto podr√≠a rebasarlo. 

Toda esta serie de indicios demandan un cambio fundamental de perspectiva: 
resulta mucho m√°s razonable asumir que el movimiento es una propiedad 
externa a los objetos, es decir, un fenómeno colectivo y no individual. El 
movimiento existe, simple y llanamente, porque los objetos est√°n rodeados por 
otros objetos y la fuerza que ejercen entre sí no es totalmente simétrica para 
cancelarse mutuamente y poder así permanecer en un equilibrio dinámico que 
asumimos como el estado de reposo. Este modelo colectivo del movimiento 
satisface la observación empírica de que los objetos pueden alterar el 
movimiento de otros objetos y nos lleva adem√°s a establecer, bajo nuestro 
escenario original, una conclusión muy distinta: conforme nuestro objeto se 
acercara al "borde" del Universo su velocidad disminuiría progresivamente hasta 
llegar a cero, desviándose así mismo su dirección. 35 Aquí hablamos de un 
principio puramente geométrico: si el movimiento de un objeto depende de otros 
objetos, y todos ellos lo atraen por un extremo, ¿qu√© cosa lo har√≠a seguir en la 
dirección contraria? Por tanto, la respuesta a nuestro problema sobre si un objeto 
puede "escapar" por su propia inercia del Universo es "no", ya que ning√ļn objeto 
mantiene su velocidad constante en el vacío. Si bien la inercia existe en el mundo 

35 Este modelo coincide incidentalmente con todas las consecuencias prácticas implícitas 
en el concepto de la curvatura del espacio-tiempo de Einstein, con una diferencia muy 
importante: es consistente también con el marco teórico establecido por Newton. 



46 El emperador va desnudo 

real como un fenómeno observable empíricamente a nuestra escala, no tiene su 
origen en una propiedad interna y autosustentable (independiente de otros 
objetos) del movimiento, lo que significa que el estado cinético de cualquier 
objeto varía en proporción directa a la distribución de los objetos circundantes. 36 

En conclusión, el modelo contemporáneo de la inercia describe un universo en 
donde la influencia ejercida sobre cualquier objeto por la materia circundante 
está equilibrada en todas direcciones (isotrópica). Esto sólo es posible en un 
universo holístico (machiano) que cumple con dos condiciones particulares: un 
tama√Īo infinitamente grande y una distribuci√≥n de la materia perfectamente 
homogénea. Tomando en cuenta estas dos características, podemos derivar los 
siguientes principios existentes: 

• En comparaci√≥n con un universo infinito cualquier objeto finito se comporta 
como un punto, sin importar su tama√Īo o forma. Adem√°s, en un universo 
isotrópico la atracción gravitacional de un objeto está siempre en equilibrio, 
por lo que su masa puede incrementarse o disminuir sin que esto afecte su 
estado cinético (principio de equivalencia de Galileo). 

• En comparaci√≥n con un universo infinito cualquier traslaci√≥n finita se 
comporta de forma puntual. Cuando la variación en la distancia a la que se 
ejerce la atracción gravitacional es nula, su intensidad permanece constante. 
En consecuencia, el estado cinético de los cuerpos también permanece 
constante (principio de la conservación del momento de Newton). 

En sentido estrictamente pr√°ctico, el mundo en el que vivimos se acerca mucho a 
este modelo: el Universo es tan extenso y nuestra escala tan peque√Īa en 
comparación, que las sutiles variaciones en la inercia resultan prácticamente 
imperceptibles. Pero nosotros buscamos ser estrictos aquí y por ello no podemos 
descartar la existencia de dichas variaciones sólo porque somos incapaces de 
detectarlas con nuestros medios actuales. Como de costumbre, el ojo de la mente 
(nuestra imaginación), que es infinitamente más poderoso que cualquiera de 
nuestros instrumentos de observación existentes, nos dice algo distinto: a pesar 
de que el Universo es inimaginablemente grande, no es infinito, ni los objetos que 
lo conforman están distribuidos de forma perfectamente homogénea. En el 
mundo real toda variaci√≥n en la forma, tama√Īo o posici√≥n de los objetos implica 
alteraciones al fen√≥meno de la inercia, porque significa, en √ļltima instancia, 

36 A una cierta altura la caída libre se interrumpe porque la fuerza de gravedad de la 
Tierra ya no es lo suficientemente intensa para contrarrestar la del resto del Universo. 
Esto demuestra que el objeto nunca viaja libremente, sino que siempre se dirige hacia 
el objeto que ejerce la mayor atracción gravitacional sobre él. 



El emperador va desnudo 47 

cambios en la distribución de las partículas que constituyen a los objetos que 
integran el Universo. 

Masa y velocidad 

No fue sino hasta la llegada del concepto de la equivalencia entre la materia y la 
energía, popularizado por Einstein, que se dio alguna explicación al problema de 
la diferencia que existe entre los objetos que se mueven y los que est√°n en 
reposo. Pero debemos reconocer que la propuesta es bastante extra√Īa: conforme 
un objeto se acelera, la energ√≠a aplicada se a√Īade a su masa, lo que hace que el 
esfuerzo necesario para seguirlo acelerando tienda al infinito. √Čsta es la raz√≥n por 
la que se dice que los objetos ordinarios no pueden alcanzar la velocidad de la 
luz. Solamente los fotones (considerados partículas sin masa) pueden alcanzar 
esta velocidad ya que no requieren de ninguna energía para lograrlo. Pero no sólo 
eso, al no poder variar su masa, los fotones solamente pueden moverse a una 
velocidad fija, razón por la cual la velocidad de la luz es una constante. Sin 
embargo, como en el caso de Newton, Einstein tampoco se interesó en explicar 
ciertos detalles importantes de esta propuesta (como por ejemplo, la razón por la 
que los fotones no poseen masa, una propiedad no solamente anómala en la 
Naturaleza, sino causante de una avalancha de absurdos matem√°ticos que no 
vamos a mencionar aquí). 

La explicación de fondo ya la hemos expuesto anteriormente: Einstein 
comparte las características psicológicas de Newton y Galileo y, por tanto, 
presupone también como válido el modelo reduccionista dentro de su trabajo. 
Esto es importante, porque desde la perspectiva de un objeto aislado las distintas 
propiedades observables del movimiento sólo pueden explicarse como cambios 
en sus propiedades físicas individuales. Sin embargo, podemos refutar la 
propuesta de Einstein sobre la equivalencia entre masa y energía al destacar que, 
en su forma actual, es una combinación de dos propiedades que son 
contradictorias entre sí: por un lado la masa, que es discreta, y por el otro la 
velocidad, que es continua. 

Si decimos que la masa de cualquier objeto es discreta es porque sabemos 
que solamente puede alterarse cuando se agregan o se sustraen partículas de él. 
Por otro lado, el movimiento no parece tener subdivisiones: uno puede moverse a 
un metro por segundo, a un quinto, a un cien-milésimo, etc. Tomando en cuenta 
que Einstein estableció a través de su famosa ecuación ( E=mc 2 ) 37 la relación 
invariable entre estas dos propiedades, cualquier cambio en la velocidad de un 
objeto modifica su masa. El problema radica en que la masa s√≥lo puede a√Īadirse 

37 O m√°s bien populariz√≥, porque Olinto De Pretto la public√≥ dos a√Īos antes. 



48 El emperador va desnudo 

o substraerse como partículas completas, nunca como fracciones de las 
mismas. 38 ¿Qu√© sucede entonces con los peque√Īos cambios en la velocidad que 
deberían modificar la masa en cantidades distintas a la unidad? Este 
inconveniente nos obliga a elegir entre el racionalismo y el empirismo: o no 
hemos podido observar que el movimiento está cuantificado también o esta 
suposición está equivocada. 

Quienes est√°n versados en el tema pronto notar√°n que hemos simplificado 
este problema porque Elnstein nunca dijo explícitamente que la ganancia de 
masa implica agregar o remover partículas de los objetos, sino que las partículas 
mismas "engordan" (por decirlo de alguna manera). 39 Sin embargo, para explicar 
este problema hemos desarrollado una explicación alternativa más sencilla y, por 
tanto, menos esotérica. 

Comencemos por hacer notar que nuestro modelo del movimiento como un 
proceso colectivo implica cambios fundamentales en nuestra forma de entender 
la Naturaleza. Uno de estos cambios radica en la noción de que el movimiento de 
cualquier objeto en el Universo implica necesariamente el movimiento de todos 
los demás objetos que existen. 40 Bajo esta condición la velocidad del objeto 
"receptor" del movimiento sólo permanecería constante si los objetos 
circundantes que proveen este movimiento también se pusieran en movimiento 
ellos mismos. Esto se debe a que la posición original desde la que se ejerce la 
fuerza cambia continuamente y, con ella, su intensidad. Pero si los objetos no 
pueden moverse a s√≠ mismos por ser el movimiento una propiedad externa, ¿de 
dónde viene este movimiento? Pues de los demás objetos, claro. Es decir, 
conforme un objeto se acelera, los dem√°s objetos que intervienen en su 
movimiento se ven m√°s y m√°s afectados ellos mismos. √Čsta es la verdadera raz√≥n 
por lo que la energía que se le aplica a un objeto altera su masa inercial: porque, 
efectivamente, conforme gana velocidad, hay que mover m√°s y m√°s a todos los 
objetos involucrados. Si no lo notamos es precisamente por el enfoque 
reduccionista que tiene la física contemporánea: estamos pendientes sólo del 
objeto que observamos durante el experimento y no le prestamos ninguna 
atención a los que le rodean. 

38 De acuerdo con trabajos como el que realizó Avogadro, la masa de un objeto está 
cuantificada: var√≠a siguiendo la granularidad espec√≠fica de la materia o en m√ļltiplos 
enteros de la masa individual de las partículas que la constituyen. 

39 El término correcto es incremento en la masa inercial. El incremento en la masa 
gravitacional se deriva simplemente de la supuesta equivalencia entre ambas. 

40 En el movimiento de cualquier partícula interviene el Universo entero. 



El emperador va desnudo 49 

Como Einstein nos lo explica correctamente, estas diferencias son muy sutiles 
a bajas velocidades, porque se mantienen cerca del promedio general. Es decir, la 
aceleración que los objetos circundantes sufren cuando el objeto estudiado se 
pone en marcha es muy peque√Īa en comparaci√≥n con su velocidad inicial. Sin 
embargo, conforme el objeto estudiado se aproxima a las velocidades relativistas 
este diferencial comienza a volverse significativo, hasta que se llega a un punto (la 
velocidad de la luz) en donde el Universo entero tendría que moverse al unísono 
simplemente para mantener constante la velocidad del objeto que observamos. 
Así es que la verdadera razón que impide a los objetos ordinarios alcanzar la 
velocidad de la luz (ya no digamos superarla) es que para lograrlo se requiere m√°s 
fuerza que la que posee el Universo en su conjunto. 

En conclusión, los cambios en la velocidad de un objeto no alteran sus 
propiedades fundamentales (en este caso, su masa). La idea de que los objetos 
ganan masa inercial conforme se aceleran proviene de una ecuación que, 
aunque describe correctamente la dificultad progresiva para acelerar cualquier 
objeto, la explica empleando conceptos equivocados. Esta noción se sustenta en 
una deficiencia de nuestra percepción: estamos al pendiente sólo del 
comportamiento del objeto que analizamos, sin prestar atención al resto de los 
objetos que nos rodean. 

Los límites del empirismo 

¿C√≥mo podemos explicar que existan demostraciones matem√°ticas para todos 
los temas que hemos tratado anteriormente? Sobra decir que han sido revisadas 
exhaustivamente, por lo que no contienen errores. Entonces, ¿est√°n equivocadas 
las matem√°ticas? Ojal√° y fuese tan sencillo resumirlo de esa manera, pero no es el 
caso. Las matem√°ticas no pueden equivocarse simplemente porque no describen 
la realidad por sí mismas; son las personas las que las utilizan para describir el 
mundo. Y las personas no siempre entienden plenamente lo que est√°n tratando 
de describir; o las herramientas que emplean para hacerlo. 

Como ya lo mencionamos anteriormente, la Ciencia es una disciplina intensiva 
con un criterio crítico propio: el empírico-experimental. Desde el punto de vista 
de la Ciencia, ninguna idea puede ser considerada científica (sin importar cuán 
razonable pueda ser) a menos de que se sustente en evidencia que cumpla con 
dicho requisito fundamental. A este criterio crítico le conocemos actualmente 
como rigor científico, y representa un salto muy importante con respecto a los 
m√©todos de investigaci√≥n empleados durante la Edad Media y la Antig√ľedad. 

Sin embargo, en tiempos recientes nos hemos vuelto muy complacientes, 
confiando en que es posible sustituir al criterio humano con tecnología (por 



50 El emperador va desnudo 

ejemplo, las matemáticas) para decidir qué es verdad y qué no lo es. Pero aunque 
nuestros métodos para recabar y analizar datos son mucho más sofisticados 
tecnológicamente que los de épocas anteriores, esto no significa necesariamente 
que hayamos alcanzado un conocimiento m√°s profundo sobre el mundo a 
nuestro alrededor. Sobre todo, solemos pasar por alto que el simple hecho de 
extrapolar fórmulas genéricas desde observaciones empíricas específicas supone 
el riesgo de falsear de entrada nuestro conocimiento. ¿Por qu√©? Porque el criterio 
crítico empírico-experimental que sustenta a la Ciencia se encuentra 
irremediablemente limitado por las deficiencias inherentes a los métodos con los 
que se pueden registrar los fenómenos naturales. 

Por ejemplo, un alba√Īil puede demostrar emp√≠ricamente que la Tierra es plana 
al verificar, con la ayuda de un simple n/Ve/, 41 que todos los puntos de una 
superficie plana están orientados en la misma dirección. Esto lleva a concluir que 
la superficie de referencia de la Tierra es paralela a ella y, por tanto, plana 
también. No hay nada erróneo en esta conclusión: es razonable, tomando en 
cuenta la precisión del instrumento involucrado. Pero si empleamos medios más 
sofisticados de observación (como la fotografía desde el espacio) pronto 
descubriremos que la Tierra es en realidad cuasi

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